descender en zig zag es el truco. no es difícil si no fuera tan terrorífico, desde el día que había descendido el paseo principal, sentía el tipo de ansiedad que te hace respirar con fuertes jadeos que ni siquiera es posible ocultar aún por la cosa del caché social.
- No me grites, todavía no soy tu esposo.
Arrastrando el todavía como un hint. Eres muy obvio.
Era muy obvia. Pensaba que sabía. Tenían esa edad, como cuando uno se empieza a hacer viejo y dejas de buscar ciertas cosas con insistencia, cosas que no sólo dependen de ti y cosas que no son tan importantes. Talvez con el tiempo uno hace las paces con su soledad y comprende que talvez uno no esta tan mal. Así que están sentados comiendo falafel, con sus ojos mirando a otro sitio como si algo hubiera pasado, como si simplemente no estuviera ahi.
No recordaba la gentileza de lo nuevo, otra sensación diferente de ansiedad, las cosas que a uno le gustan tanto que producen reacciones eléctricas en el cuerpo, que mientras se acostumbra son pequeñas descargas. Finalmente son dos mundos separados, talvez no era una promesa pero era una ventanita abierta. Quiero volver a verte.
En su interior piensa que es de esas cosas que se olvidarán en el tiempo. Y que talvez si llegara a suceder estaría en una situación totalmente fuera de contexto como otras tantas veces.
sábado, 29 de junio de 2013
jueves, 2 de diciembre de 2010
cuento número sesentaiseis
Cuando David se sentó cerca de él, se quedó muy callado,
excepcionalmente callado tomando en cuenta que le encantaba quejarse
de todo. Entonces cuando finalmente decidió retirarse, David me lanzó
más una afirmación que una pregunta, él es tu amigo no? (y por mi
amigo entiéndase el hombre con el que deseaba acoplarlo en ese
momento), no, él es mi compañero del trabajo. Ah!, en serio?, es gay
no?. No no es gay. Pues yo sentí una vibra terriblemente gay emanando
de él. No era la primera vez que me preguntaban si era gay, y aunque
yo no le consideraba que moviese el aire de una manera sospechosa, el
día que llegó con las cejas depiladas diciendo que era por el calor, a
mi me pareció un tanto misterioso.
Sin embargo el segundo turno de la mañana todo el mundo esta seguro de
que lo es, desde la primera vez que llamó por teléfono a la facultad,
los chicos del punto de información asumieron que lo era, por la única
frase que se le ocurrió profesar, no tengo idea de cuál habrá sido.
El cuarto turno de la tarde, el cual es extremadamente flexible, es
esta chica con pasiones extrañas como los hombres koreanos y todo lo
que tenga que ver con asia, lo ama tanto que este amor resulta un poco
aislante.
El tercer turno me pregunta si es lesbiana.
El cuarto turno me confiesa que le gusta un chico, pero no tiene
posibilidades, se que habla del tercero.
La única sexualidad que no es puesta en tela de jucio es la mía.
excepcionalmente callado tomando en cuenta que le encantaba quejarse
de todo. Entonces cuando finalmente decidió retirarse, David me lanzó
más una afirmación que una pregunta, él es tu amigo no? (y por mi
amigo entiéndase el hombre con el que deseaba acoplarlo en ese
momento), no, él es mi compañero del trabajo. Ah!, en serio?, es gay
no?. No no es gay. Pues yo sentí una vibra terriblemente gay emanando
de él. No era la primera vez que me preguntaban si era gay, y aunque
yo no le consideraba que moviese el aire de una manera sospechosa, el
día que llegó con las cejas depiladas diciendo que era por el calor, a
mi me pareció un tanto misterioso.
Sin embargo el segundo turno de la mañana todo el mundo esta seguro de
que lo es, desde la primera vez que llamó por teléfono a la facultad,
los chicos del punto de información asumieron que lo era, por la única
frase que se le ocurrió profesar, no tengo idea de cuál habrá sido.
El cuarto turno de la tarde, el cual es extremadamente flexible, es
esta chica con pasiones extrañas como los hombres koreanos y todo lo
que tenga que ver con asia, lo ama tanto que este amor resulta un poco
aislante.
El tercer turno me pregunta si es lesbiana.
El cuarto turno me confiesa que le gusta un chico, pero no tiene
posibilidades, se que habla del tercero.
La única sexualidad que no es puesta en tela de jucio es la mía.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
cuento número sesentaicinco
En las pozadas de la escuela siempre alguien se le declaraba a
alguien. Talvez por eso me gustaba tanto diciembre, había algo en el
ambiente que ponía loca a la gente, propicia para confesiones y
decisiones arriesgadas.
Esa noche, todos estábamos emocionados porque en la escuela siempre
llevábamos uniforme y ver a los compañeros en ropa de calle siempre
conllevaba el morbo de conocer un poco más acerca de la intimidad de
una persona.
Así que el día de la pozada de quinto, me puse la ropa nueva que había
comprado con mi mamá, super femenina y poco discreta, en ese entonces
me encantaban las licras vulgares y los tacones, siempre he amado el
negro. Así que tomé el body de cuello redondo y la faldita con la
cintura pegada y los bordes bailarines y me encasqueté en el conjunto
a juego con mis botines negros.
Me gustaba el efecto que solía tener en ese entonces porque nadie más
tenía curvas.
En el salón estaba este chico guerito con nariz puntiaguda y lindos
ojos verdes, a mi no me gustaba pero a todo el mundo si, así que fue
para mi una gran sorpresa que ese preciso día me dijera que me quería
y que sería super lindo que fuéramos novios.
Yo le dije que no con mucho pesar porque nunca he sabido decir que no
a nada. Me sentía la persona más inmoral del universo no por la
faldita o el pronunciado escote o mis piernas expuestas al frío de
finales de diciembre, sino porque había rechazado al tipo más guapo de
la clase.
El sentimiento de culpa se me disipó enseguida para metamorfosearse en
humillación por el propio despliegue de ego hinchado al enterarme que
esa noche le había hecho la misma petición a al menos unas cinco
chicas, entre ellas yo.
Así que no volví a mencionar el tema, pero ese día aprendí que en las
cosas de amor la vanidad y el ego son dos cosas truculentas con las
que uno debe tener cuidado.
alguien. Talvez por eso me gustaba tanto diciembre, había algo en el
ambiente que ponía loca a la gente, propicia para confesiones y
decisiones arriesgadas.
Esa noche, todos estábamos emocionados porque en la escuela siempre
llevábamos uniforme y ver a los compañeros en ropa de calle siempre
conllevaba el morbo de conocer un poco más acerca de la intimidad de
una persona.
Así que el día de la pozada de quinto, me puse la ropa nueva que había
comprado con mi mamá, super femenina y poco discreta, en ese entonces
me encantaban las licras vulgares y los tacones, siempre he amado el
negro. Así que tomé el body de cuello redondo y la faldita con la
cintura pegada y los bordes bailarines y me encasqueté en el conjunto
a juego con mis botines negros.
Me gustaba el efecto que solía tener en ese entonces porque nadie más
tenía curvas.
En el salón estaba este chico guerito con nariz puntiaguda y lindos
ojos verdes, a mi no me gustaba pero a todo el mundo si, así que fue
para mi una gran sorpresa que ese preciso día me dijera que me quería
y que sería super lindo que fuéramos novios.
Yo le dije que no con mucho pesar porque nunca he sabido decir que no
a nada. Me sentía la persona más inmoral del universo no por la
faldita o el pronunciado escote o mis piernas expuestas al frío de
finales de diciembre, sino porque había rechazado al tipo más guapo de
la clase.
El sentimiento de culpa se me disipó enseguida para metamorfosearse en
humillación por el propio despliegue de ego hinchado al enterarme que
esa noche le había hecho la misma petición a al menos unas cinco
chicas, entre ellas yo.
Así que no volví a mencionar el tema, pero ese día aprendí que en las
cosas de amor la vanidad y el ego son dos cosas truculentas con las
que uno debe tener cuidado.
martes, 30 de noviembre de 2010
cuento número sesentaicuatro
el ser humano es tan mentiroso consigo mismo que cuando le preguntes
acerca de lo que prefiere y lo que ama, siempre será capaz de mentirse
a si mismo.
Alguna vez me advirtieron, la primera vez el chico alto del
basketball, ten cuidado con él porque me han contado que es muy
mentiroso y la segunda vez me lo advertiste tú, me dijiste que creías
que solo se hacía amigo de las niñas que le gustaban y si tenía tanta
cercanía conmigo era porque posiblemente entraba en la regla.
Nunca le dije que me gustaba porque tenía el corazón roto y con
corazones rotos uno no debe de andar entregando algo que todavía no
recupera, él había sido ese momento intermedio entre el doloroso
pasado y el seguir adelante, porque siempre se tiene que seguir
adelante, lo difícil es encontrar los escalones correctos para
verdaderamente avanzar.
Un día me insinuó que le gustaría una de esas relaciones abiertas y
esporádicas y como en mi vida ya había tenido una dósis
suficientemente intensa de esporádico y abierto incluso la pregunta me
había provocado cierto malestar estomacal, me sentí insultada de solo
imaginar la situación. No, yo ya no soy abierta ni esporádica, ahora
soy viejita, ahora estoy medio muerta.
Pienso a veces que nos presentó sin querer, porque eras una persona a
la que admiraba mucho y yo era esa otra para la que nunca pude
decifrar sus sentimientos pero siempre pensé que me guardaba un
sincero cariño amistoso, creo que no deseaba mucho que tú yo nos
encontráramos porque el mundo con sus dos grandes figuras implotaría
en ese tipo de mágicas casualidades de dos personas que a ciencia
cierta son tan extremadamente compatibles y que se nota sin siquiera
buscar.
Un día contesté su teléfono porque él estaba ocupado, era una mujer
que seca y molesta preguntaba por él, sentí celos en su voz y me di
cuenta que él tenía una relación amorosa con ella, posiblemente ella
pensaba que era su novia o algo asi. Esa semana descubrí que de hecho
tenía relaciones amorosas con medio mundo, pensé que era
extremadamente abierto y extremadamente esporádico y que tenía mucha
suerte de estar cerrada y muerta.
Una semana antes de conocerte me di cuenta que ya te amaba, puede ser
protocolariamente incorrecto, pero simplemente lo sabía.
Un día me contó cómo había intentado estar con una chica que tenía
tatuajes de gatos muertos por todo el cuerpo y que eso le había
parecido especialmente feo. Compartíamos esta anécdota en el taxi
mientras me acompañaba al aeropuerto cuando así de la nada me
preguntó, Luis te gusta verdad?. Le dije que si y estoy segura de
haber registrado una sonrisa involuntariamente enorme con todo y
pómulos, mientras que él solo miraba para abajo y me decía con voz
apagada que le daba mucho gusto.
acerca de lo que prefiere y lo que ama, siempre será capaz de mentirse
a si mismo.
Alguna vez me advirtieron, la primera vez el chico alto del
basketball, ten cuidado con él porque me han contado que es muy
mentiroso y la segunda vez me lo advertiste tú, me dijiste que creías
que solo se hacía amigo de las niñas que le gustaban y si tenía tanta
cercanía conmigo era porque posiblemente entraba en la regla.
Nunca le dije que me gustaba porque tenía el corazón roto y con
corazones rotos uno no debe de andar entregando algo que todavía no
recupera, él había sido ese momento intermedio entre el doloroso
pasado y el seguir adelante, porque siempre se tiene que seguir
adelante, lo difícil es encontrar los escalones correctos para
verdaderamente avanzar.
Un día me insinuó que le gustaría una de esas relaciones abiertas y
esporádicas y como en mi vida ya había tenido una dósis
suficientemente intensa de esporádico y abierto incluso la pregunta me
había provocado cierto malestar estomacal, me sentí insultada de solo
imaginar la situación. No, yo ya no soy abierta ni esporádica, ahora
soy viejita, ahora estoy medio muerta.
Pienso a veces que nos presentó sin querer, porque eras una persona a
la que admiraba mucho y yo era esa otra para la que nunca pude
decifrar sus sentimientos pero siempre pensé que me guardaba un
sincero cariño amistoso, creo que no deseaba mucho que tú yo nos
encontráramos porque el mundo con sus dos grandes figuras implotaría
en ese tipo de mágicas casualidades de dos personas que a ciencia
cierta son tan extremadamente compatibles y que se nota sin siquiera
buscar.
Un día contesté su teléfono porque él estaba ocupado, era una mujer
que seca y molesta preguntaba por él, sentí celos en su voz y me di
cuenta que él tenía una relación amorosa con ella, posiblemente ella
pensaba que era su novia o algo asi. Esa semana descubrí que de hecho
tenía relaciones amorosas con medio mundo, pensé que era
extremadamente abierto y extremadamente esporádico y que tenía mucha
suerte de estar cerrada y muerta.
Una semana antes de conocerte me di cuenta que ya te amaba, puede ser
protocolariamente incorrecto, pero simplemente lo sabía.
Un día me contó cómo había intentado estar con una chica que tenía
tatuajes de gatos muertos por todo el cuerpo y que eso le había
parecido especialmente feo. Compartíamos esta anécdota en el taxi
mientras me acompañaba al aeropuerto cuando así de la nada me
preguntó, Luis te gusta verdad?. Le dije que si y estoy segura de
haber registrado una sonrisa involuntariamente enorme con todo y
pómulos, mientras que él solo miraba para abajo y me decía con voz
apagada que le daba mucho gusto.
lunes, 29 de noviembre de 2010
cuento número sesentaitres
Para situarnos en el tiempo diría que fue precisamente cuando estaba la serie Héroes de moda. Recuerdo ésto porque un día me contó que le gustaba juntarse con su mejor amigo para verla juntos. Yo y mi usual malicia habíamos sugerido que estaba pasando algo entre ellos dos y que ahora se le llamaba sesión de series. Muy ofendida me dijo que absolutamente no, que él y ella poseían una relación amistosa tan pura que realmente solo se juntaban para ver series, bueno, como tú digas, pero yo creo que la amistad, no digo cualquier amistad, sino la amistad íntima entre una mujer y un hombre es un hecho imposible porque alguna de las dos partes terminará sintiendo amor profundo por alguien que le ha visto tan vulnerable y como realmente es. Sin embargo en todo este tipo de teorías desencantadas he de aceptar que me encanta equivocarme y que de vez en cuando me digan que no tenía razón y que en efecto la amistad íntima entre un hombre y mujer no solo es posible sino que es un hecho constante y real.
Finalmente yo tenía razón y un año después habían emprendido una larga travesía de tortura amorosa cuando Héroes ya no estaba de moda. Podía adivinar en ella la herida del amor no correspondido y el infinido y doloroso repetir que es estar con alguien con quien nunca vas a llegar a ninguna parte. Me sentí triste por ella, porque uno siempre desea que quien quieres encuentre la felicidad.
Otro año después, nos encontramos con unas personas en las escaleras de la escuela. Aparentemente la niña mamona con el nombre exótico viene discutiendo que esta este hombre al que ella adora y cuya compañía es especialmente íntima y profunda. La íntima amistad entre hombre y mujer no existe le digo. Y mi amiga con la cara más seria del mundo repite la negación con suave movimiento, casi como repitiéndolo para si misma, no, no existe.
Finalmente yo tenía razón y un año después habían emprendido una larga travesía de tortura amorosa cuando Héroes ya no estaba de moda. Podía adivinar en ella la herida del amor no correspondido y el infinido y doloroso repetir que es estar con alguien con quien nunca vas a llegar a ninguna parte. Me sentí triste por ella, porque uno siempre desea que quien quieres encuentre la felicidad.
Otro año después, nos encontramos con unas personas en las escaleras de la escuela. Aparentemente la niña mamona con el nombre exótico viene discutiendo que esta este hombre al que ella adora y cuya compañía es especialmente íntima y profunda. La íntima amistad entre hombre y mujer no existe le digo. Y mi amiga con la cara más seria del mundo repite la negación con suave movimiento, casi como repitiéndolo para si misma, no, no existe.
domingo, 28 de noviembre de 2010
cuento número sesentaidos
En mi adolescencia sobre todo pensaba de mi misma que era una niña muy fea. No sabía si en algún momento llegaría a ser popular y bonita, pero sabía que estaba en un momento similar a lo que le pasa a los pajaritos tiempo después de nacer cuando todavía no son adultos, que tienen las plumas a medio salir, un tamaño que ya no es pequeño pero tampoco es grande y tienen las caras horribles y confusas, esa era yo, el pajarillo a medio crecer en la peor etapa de la vida.
Sumado a que mis cualidades naturales no me ayudaban mucho porque especialmente en ese entonces tenía la cara demasiado acolchonada y evidentemente había abusado de las pinzas de depilar sobre mis cejas. No sé muy bien porqué pero a la hora de arreglarme nunca supe cuando parar.
Así que imaginarán mi sorpresa el día que aparecieron tres pubertos mucho más jóvenes que yo, se sentaron en los banquitos del café donde trabajaba y me miraban mientras me colocaba el delantal rojo.
-Ella es Jimena, "La Jimena".
Y entre risitas vergonzosas pedían cosas al azar como cocacolas o chocolates. Me enternecía por primera vez en mi vida tener un grupito de fans.
Uno de ellos, el que era el más dulce de los tres se convirtió en mi amigo desde entonces. Alguna vez me regaló una fotografía suya de cuando tenía 11 años la cual guardo hasta ahora y que recordé con mucha melancolía el día que lo volví a ver, a sus dieciseis de la mano con una chavita de su clase. Demasiado adolescente.
Es curioso pensar que cuando uno es pequeño lo olvida casi todo o es simplemente que el cerebro se encuentra en plena formación e intenta más bien aprender a recordar las cosas.
Lo recordaba, él ya no me recordaba a mi. Me preguntaba quién sería ahora.
Sumado a que mis cualidades naturales no me ayudaban mucho porque especialmente en ese entonces tenía la cara demasiado acolchonada y evidentemente había abusado de las pinzas de depilar sobre mis cejas. No sé muy bien porqué pero a la hora de arreglarme nunca supe cuando parar.
Así que imaginarán mi sorpresa el día que aparecieron tres pubertos mucho más jóvenes que yo, se sentaron en los banquitos del café donde trabajaba y me miraban mientras me colocaba el delantal rojo.
-Ella es Jimena, "La Jimena".
Y entre risitas vergonzosas pedían cosas al azar como cocacolas o chocolates. Me enternecía por primera vez en mi vida tener un grupito de fans.
Uno de ellos, el que era el más dulce de los tres se convirtió en mi amigo desde entonces. Alguna vez me regaló una fotografía suya de cuando tenía 11 años la cual guardo hasta ahora y que recordé con mucha melancolía el día que lo volví a ver, a sus dieciseis de la mano con una chavita de su clase. Demasiado adolescente.
Es curioso pensar que cuando uno es pequeño lo olvida casi todo o es simplemente que el cerebro se encuentra en plena formación e intenta más bien aprender a recordar las cosas.
Lo recordaba, él ya no me recordaba a mi. Me preguntaba quién sería ahora.
viernes, 26 de noviembre de 2010
cuento número sesentaiuno
Iba llegando al aeropuerto de México con mis maletas llenas de encargos, ese año me habían pedido dos botellas de Orujo de hiervas, una bolsa llena de butifarras, camisetas y productos del Barça, dulcecitos y toda la consecuente ropa que tuve que empacar para los diversos objetos de los que algunos eran extremadamente frágiles, uno que otro en especial. Así recogí el maletón azúl rey en la banda número once, después salió la maletita con el listón rosa pastel. Era un ser extremadamente diminuto y aparentemente frágil para semejante cargamento.
La cola para los rayos x era tan increiblemente larga. Así que me formé mientras leía la última novela de Haruki Murakami. Al avanzar mis maletas se desparramaban por los costados del carrito, entonces un hombre asiático se me acercó, muy amablemente colocó mis maletas sobre su carrito que era más grande y me regaló una sonrisa cordial y bonita, talvez tendría alrededor de cuarenta años. Intenté hablarle en inglés pero aparentemente no entendía nada, así que caminamos silenciosos por todo lo largo del amplio recorrido. Su pasaporte decía que era chino y mientras transcurría el tiempo me imaginába la hipotética situación que este hombre fuese mi marido. Seríamos uno de esos matrimonios arreglados, me divertía la idea de una chica demasiado jóven caminando cordialmente con un hombre gentil y maduro. Llegamos a los rayos x y me preguntan si vengo con él y yo le digo que no. Intento ayudarlo a cargar las maletas y el hombre no me deja, sube la mía y hasta que me dicen que me vaya se despide con su sonrisa bonita, el amigo de más corta duración que jamás he tenido, extremadamente caballeroso y amable. Cuando veo a mi mamá después de abrazarnos me pregunta que quién era el chinito aquel. " Mi marido de media hora madre, evidentemente"
La cola para los rayos x era tan increiblemente larga. Así que me formé mientras leía la última novela de Haruki Murakami. Al avanzar mis maletas se desparramaban por los costados del carrito, entonces un hombre asiático se me acercó, muy amablemente colocó mis maletas sobre su carrito que era más grande y me regaló una sonrisa cordial y bonita, talvez tendría alrededor de cuarenta años. Intenté hablarle en inglés pero aparentemente no entendía nada, así que caminamos silenciosos por todo lo largo del amplio recorrido. Su pasaporte decía que era chino y mientras transcurría el tiempo me imaginába la hipotética situación que este hombre fuese mi marido. Seríamos uno de esos matrimonios arreglados, me divertía la idea de una chica demasiado jóven caminando cordialmente con un hombre gentil y maduro. Llegamos a los rayos x y me preguntan si vengo con él y yo le digo que no. Intento ayudarlo a cargar las maletas y el hombre no me deja, sube la mía y hasta que me dicen que me vaya se despide con su sonrisa bonita, el amigo de más corta duración que jamás he tenido, extremadamente caballeroso y amable. Cuando veo a mi mamá después de abrazarnos me pregunta que quién era el chinito aquel. " Mi marido de media hora madre, evidentemente"
miércoles, 24 de noviembre de 2010
cuento número sesenta
Siempre pensé que algo de él era parecido a un lobo, los lobos siempre fueron mi animal favorito, porque siempre estan juntos y tienen un trabajo en equipo tan perfecto, son como una familia en la que cada quién acepta su jerarquía y la ejecuta como tiene que hacerlo. El día que encontré el dibujito de un lobo en uno de sus cuadernos me pareció como una señal mágica, ¿porqué el lobo y no cualquier otro animal? quería arrancarlo, enmarcarlo y colgarlo en algún lugar estelar de mi cuarto pero no lo hice.
El había llegado en un momento en el que ya no quería seducir a nadie y casi había aceptado mi destino de vivir sola, morir sola. Así que me conformaba con solo mirarlo como se mira cualquier ornamento. Su humor era bueno, se trataba de un hombre astuto y ligero, a pesar de que aparentemente había tenido sus romances con todo el mundo, nunca me pareció un hombre coqueto.
Hubo un día que cometí el terrible error de comentarle a la más cotizada y depredadora de mis amigas que me gustaba y el porqué me gustaba y como si fuera un premio de feria aquella noche en la fiesta de nuestro amigo se lanzó por él. Me mataba la rabia ver cómo le sonreía y se movía de esa forma rápida pero delicada, era un arte que yo nunca había dominado. El le respondía como era de esperarse, con bromas y risitas. Lloré mucho esa noche mientras los miraba en su oscura esquinita y me preguntaba cómo era que ella disfrutaba tanto teniendo a los hombres que yo quería y porqué eran solo ellos y nada más que ellos los que deseaba cuando podía tener a cualquier otro.
Dejé de mirar al lobo y dejé de quererla a ella. Fue la tercera vez que me lo hizo y la última que decidí tolerárselo. Me persiguió por una semana entera y dentro de mi furia me llenaba aún más de rabia el que fuese detrás mío explicándome cosas que ambas sabíamos que eran mentira.
Un día me confesó, que su obsesión era simple fruto de su ego y punto, el que a mi me gustaran simplemente incrementaba el valor de la presa.
Un océano de distancia se abrió entre mi corazón y ella, pero extrañamente ha sido la única vez que la he sentido sincera.
El había llegado en un momento en el que ya no quería seducir a nadie y casi había aceptado mi destino de vivir sola, morir sola. Así que me conformaba con solo mirarlo como se mira cualquier ornamento. Su humor era bueno, se trataba de un hombre astuto y ligero, a pesar de que aparentemente había tenido sus romances con todo el mundo, nunca me pareció un hombre coqueto.
Hubo un día que cometí el terrible error de comentarle a la más cotizada y depredadora de mis amigas que me gustaba y el porqué me gustaba y como si fuera un premio de feria aquella noche en la fiesta de nuestro amigo se lanzó por él. Me mataba la rabia ver cómo le sonreía y se movía de esa forma rápida pero delicada, era un arte que yo nunca había dominado. El le respondía como era de esperarse, con bromas y risitas. Lloré mucho esa noche mientras los miraba en su oscura esquinita y me preguntaba cómo era que ella disfrutaba tanto teniendo a los hombres que yo quería y porqué eran solo ellos y nada más que ellos los que deseaba cuando podía tener a cualquier otro.
Dejé de mirar al lobo y dejé de quererla a ella. Fue la tercera vez que me lo hizo y la última que decidí tolerárselo. Me persiguió por una semana entera y dentro de mi furia me llenaba aún más de rabia el que fuese detrás mío explicándome cosas que ambas sabíamos que eran mentira.
Un día me confesó, que su obsesión era simple fruto de su ego y punto, el que a mi me gustaran simplemente incrementaba el valor de la presa.
Un océano de distancia se abrió entre mi corazón y ella, pero extrañamente ha sido la única vez que la he sentido sincera.
martes, 23 de noviembre de 2010
cuento número cincuentainueve
Sacó el gen desesivo para simplemente desdeñar el gen alfa. Le parecía que esa herencia que fluía por sus venas y que hacía que las niñitas del kinder la siguieran y obedecieran o que en general la gente le tuviera envidia, al mismo tiempo hacía de las mujeres que si lo tenían unas pequeñas egoistas, no quería ser como su mamá o su abuela que eran verdaderas generalas guerreras. Sentía un poco de compasión por su papá, el dulce hombre dominado y en cierto sentido se identificaba un poco más con su timidez, su ternura y su inteligencia más que con las ansias de dominación.
Lo que no sabía era que al sentirse identificada con este hombre, también arrastraría la misma debilidad.
Dice que era un tipo extraño, mamón y estirado, excéntrico en cierto sentido. Era curioso encontrarse a un hombre vestido con traje y paraguas en los setentas donde todos eran hippies. Tenía ojos bonitos, irónicamente era un hombre peludo pero se estaba quedando calvo, era callado.
Le gustó mucho alguna vez que en una conversación casual dijo un comentario interesante sobre las mujeres, le gustaban los hombres feministas.
Comenzaron a salir y luego se hicieron novios, él tenía un perrito dálmata que era muy agresivo y que alguna vez mordió a alguien, en su casa comían muy mal, aparentemente solo había sopes y gancitos, su casa era como la casa que debe administrar un niño.
Un día ella había querido cortarlo y salir con otras personas. El le dijo que no.
Después se casaron.
Lo que no sabía era que al sentirse identificada con este hombre, también arrastraría la misma debilidad.
Dice que era un tipo extraño, mamón y estirado, excéntrico en cierto sentido. Era curioso encontrarse a un hombre vestido con traje y paraguas en los setentas donde todos eran hippies. Tenía ojos bonitos, irónicamente era un hombre peludo pero se estaba quedando calvo, era callado.
Le gustó mucho alguna vez que en una conversación casual dijo un comentario interesante sobre las mujeres, le gustaban los hombres feministas.
Comenzaron a salir y luego se hicieron novios, él tenía un perrito dálmata que era muy agresivo y que alguna vez mordió a alguien, en su casa comían muy mal, aparentemente solo había sopes y gancitos, su casa era como la casa que debe administrar un niño.
Un día ella había querido cortarlo y salir con otras personas. El le dijo que no.
Después se casaron.
lunes, 22 de noviembre de 2010
cuento número cincuentaiocho
Estabamos sentadas a la orilla de Portugal, tomando un té de los
normales mientras que literalmente contemplábamos el horizonte,
reflexionábamos acerca de nuestra situación amorosa en ese momento.
Hablábamos de un concepto nuevo que no habíamos forjado hasta entonces
el cual era "el compañero de cosas", tú andabas siendo pastoreada por
el austriaco aquel y aunque a mi no me pastoreaba nadie, irremediable
y tontamente quería a mi entonces compañero de piso. Yo me encontraba
en una parte bastante cruda de la situación, en la que ya no me jalaba
ni le jalaba el gustillo del principio sino la costumbre talvez, así
que los recursos sobrantes tanto por mi parte como por su parte
estaban dirigidos a ocasionar daño en cualquiera de sus
presentaciones. Ya no quería seguir intentando que me amase, pero esa
tarde, mientras tomábamos el té extrañamente habíamos tenido la
revelación de que mientras uno tiene amor dentro de su cuerpo hay que
jalar hacia ese centro o al menos es lo que mi cuerpo sabía hacer. De
cierta forma sabía que nunca me amaría, pero era de esos momentos en
los que no tienes una voluntad clara acerca de dónde es ese lugar a
donde quieres ir, entonces te quedas quieto porque es lo único claro
que sabes.
No sé si tomé la decisión correcta esa o la vez que me negué Holanda
por pura intuición, pero casualmente el mejor amigo del primo del
mejor amigo del hermano de mi compañero de piso resultó extraña pero
perfectamente compatible conmigo, no era como el otro tipo que me
atraía con una gravedad vertiginosa y vomitiva, sino que era una
especie de unión en la que tenía la curiosa certeza de que no existía
otra cosa más correcta en el universo que estar con él, supongo que
debe de ser lo más parecido a encontrar a tu alma gemela. Esta es la
única razón por la que pienso, estuvo bien quedarme hasta el final,
porque un encuentro trascontinental y en una coordinación de tiempo
tan atinada (porque finalmente el amor se trata de eso) no podría
haber sido más perfectamente precisa de lo que fue.
El nombre de su ex-algo era Brenda y en ese entonces yo misma tenía
una Brenda que a mi entender si nos hubiéramos encontrado en otras
circunstancias hubiera podido ser una perfectamente admirable persona
sobre todo por el ingenio que utilizaba al hablar y una que otra
decisión estética acertada e interesante, sin embargo la Brenda de
aquel entonces y yo queríamos a la misma persona y esa misma persona
tenía suficiente confort como para no querer reservarse para una sola,
así que la Brenda de ese entonces destinaba su arsenal más mortífero
para mi causa, sin embargo por mi derecho de antiguedad me pensaba con
un territorio que en realidad no tenía y por ello nunca claudiqué
hasta que me claudicaron, pero digamos que simplemente me dejé la piel
en aquella batalla perdida. Desde entonces el nombre de Brenda se me
quedó cruzado por siempre y volviendo al otro hombre, el día que me
reveló que su ex-algo se llamaba Brenda, yo sentí reavivarse los antiguos
fuegos de la batalla y proyecté mis propias frustraciones y mi propio
dolor en el dolor que le estaba ocasionando esa otra Brenda que yo no
conocía.
normales mientras que literalmente contemplábamos el horizonte,
reflexionábamos acerca de nuestra situación amorosa en ese momento.
Hablábamos de un concepto nuevo que no habíamos forjado hasta entonces
el cual era "el compañero de cosas", tú andabas siendo pastoreada por
el austriaco aquel y aunque a mi no me pastoreaba nadie, irremediable
y tontamente quería a mi entonces compañero de piso. Yo me encontraba
en una parte bastante cruda de la situación, en la que ya no me jalaba
ni le jalaba el gustillo del principio sino la costumbre talvez, así
que los recursos sobrantes tanto por mi parte como por su parte
estaban dirigidos a ocasionar daño en cualquiera de sus
presentaciones. Ya no quería seguir intentando que me amase, pero esa
tarde, mientras tomábamos el té extrañamente habíamos tenido la
revelación de que mientras uno tiene amor dentro de su cuerpo hay que
jalar hacia ese centro o al menos es lo que mi cuerpo sabía hacer. De
cierta forma sabía que nunca me amaría, pero era de esos momentos en
los que no tienes una voluntad clara acerca de dónde es ese lugar a
donde quieres ir, entonces te quedas quieto porque es lo único claro
que sabes.
No sé si tomé la decisión correcta esa o la vez que me negué Holanda
por pura intuición, pero casualmente el mejor amigo del primo del
mejor amigo del hermano de mi compañero de piso resultó extraña pero
perfectamente compatible conmigo, no era como el otro tipo que me
atraía con una gravedad vertiginosa y vomitiva, sino que era una
especie de unión en la que tenía la curiosa certeza de que no existía
otra cosa más correcta en el universo que estar con él, supongo que
debe de ser lo más parecido a encontrar a tu alma gemela. Esta es la
única razón por la que pienso, estuvo bien quedarme hasta el final,
porque un encuentro trascontinental y en una coordinación de tiempo
tan atinada (porque finalmente el amor se trata de eso) no podría
haber sido más perfectamente precisa de lo que fue.
El nombre de su ex-algo era Brenda y en ese entonces yo misma tenía
una Brenda que a mi entender si nos hubiéramos encontrado en otras
circunstancias hubiera podido ser una perfectamente admirable persona
sobre todo por el ingenio que utilizaba al hablar y una que otra
decisión estética acertada e interesante, sin embargo la Brenda de
aquel entonces y yo queríamos a la misma persona y esa misma persona
tenía suficiente confort como para no querer reservarse para una sola,
así que la Brenda de ese entonces destinaba su arsenal más mortífero
para mi causa, sin embargo por mi derecho de antiguedad me pensaba con
un territorio que en realidad no tenía y por ello nunca claudiqué
hasta que me claudicaron, pero digamos que simplemente me dejé la piel
en aquella batalla perdida. Desde entonces el nombre de Brenda se me
quedó cruzado por siempre y volviendo al otro hombre, el día que me
reveló que su ex-algo se llamaba Brenda, yo sentí reavivarse los antiguos
fuegos de la batalla y proyecté mis propias frustraciones y mi propio
dolor en el dolor que le estaba ocasionando esa otra Brenda que yo no
conocía.
domingo, 21 de noviembre de 2010
cuento número cincuentaisiete
Mi primer amigo de Bellas Artes se llama Borja, es canario y tiene ojos grandes y bonitos, es peludo como los perritos que me gustan. Es mucho más joven que yo.
Todos pensaban que nos conocíamos por como nos llevábamos, desde el principio, era bonito tener a alguien cuando había actividades en equipo o que te apartaran lugar cuando llegabas tarde.
Alguna vez tuvimos que hacer una reinterpretación de un compañero, yo en ese entonces pensaba mucho en mi casa y creía que ese era el vínculo más fuerte que tenía con Borja. Hice un cubo cubierto de pelo con agujeros en forma de ola, porque él venía de una isla y cuando despertaba lo primero en lo que pensaba era que le faltaba ver el mar desde su ventana. El dibujó mi sombra no se si con cinta o con tachuelas por todo lo largo de la pared. Nunca entendí cuál era la reflexión en ello.
Se me hacía difícil llegar temprano a la case de análisis gráfica porque aprender términos de arquitectura y perspectiva es doblemente difícil en un acento cerrado y de pueblo en catalán. Nuestro profesor ha sido lo más cercano que he visto a papá Noel, de hecho, así le llamaban. Por lo mismo siempre me tocaba sentarme hasta atrás.
Había una chica, Lidia. Delgada como un palillo para los dientes y ruda como algún objeto olvidado en el jardín que tras la lluvia y el tiempo se torna oxidado y extraño. Lidia no sé si era ese objeto olvidado o más bien era una niña demasiado mimada, pero siempre dejaba la sensación de que no debías meterte con ella, aún así era una persona terriblemente magnética.
Un día mientras intentaba capturar todo lo posible de mi hostil clase llegó ella y noté el fenómeno extrañísimo de ver que todos se le quedaban mirando. Al notarlo, (me sorprendió aún más) que ella devolviese una especie de sonrisa maliciosa con una cantidad agobiante de confianza. Entre la gente que la miraba estaba Borja. A Borja talvez le gusta Lidia, eso o tienen algo que desconozco.
Tiempo después me enteré que Lidia era la dispensadora de drogas en nuestro grupo y que Borja tenía una enorme dependencia a la marihuana.
El año siguiente Borja tuvo que dejar la escuela, todos sabíamos que había salido demasiado joven de su casa y que simplemente su pequeño vicio había sobrecogido su vida, se despertaba y lo primero que hacía era fumar su cigarrito de marihuana, hecho que le impedía irónicamente levantarse. Es un niño que necesita mucho tener a sus padres cerca, mirar el mar desde su ventana. Me sentí triste el día que se fue, sentí como si una parte de mi (porque en cierto sentido le sentía como parte de mi equipo) se hubiese dado por vencida.
Unos años después me lo encontré en el messenger. Me dijo que estaba bien, que era más feliz, que Barcelona fue demasiado ruda para él. Me confesó que le gustaba Lidia. Jeje
Todos pensaban que nos conocíamos por como nos llevábamos, desde el principio, era bonito tener a alguien cuando había actividades en equipo o que te apartaran lugar cuando llegabas tarde.
Alguna vez tuvimos que hacer una reinterpretación de un compañero, yo en ese entonces pensaba mucho en mi casa y creía que ese era el vínculo más fuerte que tenía con Borja. Hice un cubo cubierto de pelo con agujeros en forma de ola, porque él venía de una isla y cuando despertaba lo primero en lo que pensaba era que le faltaba ver el mar desde su ventana. El dibujó mi sombra no se si con cinta o con tachuelas por todo lo largo de la pared. Nunca entendí cuál era la reflexión en ello.
Se me hacía difícil llegar temprano a la case de análisis gráfica porque aprender términos de arquitectura y perspectiva es doblemente difícil en un acento cerrado y de pueblo en catalán. Nuestro profesor ha sido lo más cercano que he visto a papá Noel, de hecho, así le llamaban. Por lo mismo siempre me tocaba sentarme hasta atrás.
Había una chica, Lidia. Delgada como un palillo para los dientes y ruda como algún objeto olvidado en el jardín que tras la lluvia y el tiempo se torna oxidado y extraño. Lidia no sé si era ese objeto olvidado o más bien era una niña demasiado mimada, pero siempre dejaba la sensación de que no debías meterte con ella, aún así era una persona terriblemente magnética.
Un día mientras intentaba capturar todo lo posible de mi hostil clase llegó ella y noté el fenómeno extrañísimo de ver que todos se le quedaban mirando. Al notarlo, (me sorprendió aún más) que ella devolviese una especie de sonrisa maliciosa con una cantidad agobiante de confianza. Entre la gente que la miraba estaba Borja. A Borja talvez le gusta Lidia, eso o tienen algo que desconozco.
Tiempo después me enteré que Lidia era la dispensadora de drogas en nuestro grupo y que Borja tenía una enorme dependencia a la marihuana.
El año siguiente Borja tuvo que dejar la escuela, todos sabíamos que había salido demasiado joven de su casa y que simplemente su pequeño vicio había sobrecogido su vida, se despertaba y lo primero que hacía era fumar su cigarrito de marihuana, hecho que le impedía irónicamente levantarse. Es un niño que necesita mucho tener a sus padres cerca, mirar el mar desde su ventana. Me sentí triste el día que se fue, sentí como si una parte de mi (porque en cierto sentido le sentía como parte de mi equipo) se hubiese dado por vencida.
Unos años después me lo encontré en el messenger. Me dijo que estaba bien, que era más feliz, que Barcelona fue demasiado ruda para él. Me confesó que le gustaba Lidia. Jeje
sábado, 20 de noviembre de 2010
cuento número cincuentaiseis
Me dijeron que había otro mexicano en el taller y que era excelentísimo en su minuciosidad y técnica. No sentía ilusión alguna en conocer mas mexicanos precisamente a los dos meses de haber salido de ahi, pero extrañamente cuando estas fuera de tu país la demás gente se divierte presentándote los mexicanos que conoce, como si fuesen dos conejitos para hacer amigos o algo así. Cuando finalmente me presentaron al mexicano del taller, no hizo gran impacto sobre mi, hizo un par de comentarios sobre sus anillos y sobre una que otra cosa que me hicieron pensar que se trataba de un tipo extremadamente mamón. Era un tipo alto de mínimo 1.90 y extremadamente delgado pero fibroso, se estaba quedando un poco calvo, me pareció un poco cliché que tuviera puesta una camiseta de los pumas. Fue pasando el tiempo y a veces coincidía con él, después de un rato se le fue bajando la pose y comprendí que talvez no era tan mal tipo. Me enteré que andaba haciendo la tesis de final de carrera con el tema del erotismo que era la razón de que solo hiciera mujeres desnudas o cosas así pero que realmente le gustaba desarrollar personajes y monstruos.
Efectivamente tenía una técnica impecable, se veía incluso en un taller tan sucio como lo es el de grabado en el que uno termina con tinta hasta por debajo de las narices y que el hombre este se ensuciaba estrictamente donde debía ensuciarse y ni un centímetro de mas.
Nos hicimos finalmente buenos amigos, mi único amigo hombre en el que conifaba tan ciegamente que nunca intentaría tomar ventaja de mi.
Un día, cuando teníamos que hacer equipo para las labores de estampación me sorprendió que quisiera trabajar conmigo y no solo eso sino que quería que la obra final fuera hecha entre los dos. "Quiero que tú dibujes" y todos en el taller pensaron que era un acto insensato contaminar con mi impura técnica la perfección de sus trabajos. Los compañeros de clase hacían comentarios extraños que me afectaban mucho, se preguntaban porqué él, el Dios del grabado me había elegido a mi tan imperfecta. Le platiqué a él, que todos me consideraban indigna para trabajar con él, a lo que él contestó "esque realmente no conocen cómo dibujas".
Efectivamente tenía una técnica impecable, se veía incluso en un taller tan sucio como lo es el de grabado en el que uno termina con tinta hasta por debajo de las narices y que el hombre este se ensuciaba estrictamente donde debía ensuciarse y ni un centímetro de mas.
Nos hicimos finalmente buenos amigos, mi único amigo hombre en el que conifaba tan ciegamente que nunca intentaría tomar ventaja de mi.
Un día, cuando teníamos que hacer equipo para las labores de estampación me sorprendió que quisiera trabajar conmigo y no solo eso sino que quería que la obra final fuera hecha entre los dos. "Quiero que tú dibujes" y todos en el taller pensaron que era un acto insensato contaminar con mi impura técnica la perfección de sus trabajos. Los compañeros de clase hacían comentarios extraños que me afectaban mucho, se preguntaban porqué él, el Dios del grabado me había elegido a mi tan imperfecta. Le platiqué a él, que todos me consideraban indigna para trabajar con él, a lo que él contestó "esque realmente no conocen cómo dibujas".
viernes, 19 de noviembre de 2010
cuento número cincuentaicinco
Era una persona que no solía pasar desapercibida, sobre todo en una
carrera plagada predominantemente por gays, lesbianas y solteronas.
Así que en cuanto este pobre hombre guapo y heterosexual cruzaba la
puerta todas aquellas mujeres le arrojaban la mirada lascivas y
sedientas.
No le recuerdo, no sé si bajo otra circunstancia me hubiese enamorado
de él o si no hubiese querido al otro talvez me hubiera gustado, quien
sabe, pero por alguna extraña razón después de unos meses de
percatarme del efecto que tenía este hombre en el alumnado en general
me sentí afortunadamente únicay extrañamente inmune a sus encantos.
Era un hombre moreno de ojos bonitos por sus largas y negras pestañas,
pero me parecía sospechoso la minuciosa atención que prestaba a sus
accesorios en general, era ese tipo raro de hombre que en general se
asocia más al mundo gay que de solo estudiarlo cinco minutos sabías la
cantidad de tiempo que había prestado decidiendo la corbatita, el
gorrito o los anteojos que usaría ese día, a la par con el chalequito
o el cinturón de bolitas.
Un día se me acercó en la cafetería, preguntando que ¿cómo estaba el
libro de las dinastías egipcias?. Pregunta extraña. A partir de
entonces me saludaba todos los días.
Aquello fue como destapar la caja de Pandora pues las mujeres solteras
se alzaron recelosas en contra mía y se me acercaban esperando que les
presentara al misterioso hombre de los ojos bonitos, en mi cabeza me
imaginaba regenteando al pobre hombre tímido.
Aquella mañana la mujer que nunca me hablaba se había maquillado
inusualmente, había colocado una rayita blanca sobre sus párpados, muy
discretamente pero un gesto que llamó mi atención porque nunca lo
hacía.
"Oye, ¿porqué no le dices al muchacho aquel que se siente con
nosotras?, miralo que solo esta" y yo lo invité comprendiendo entonces
la razón de la rayita blanca.
El chico, que se llamaba Andrés de hecho se volvió mi amigo mas
cercano de esos dos años de historia del arte, alguna vez me contó que
contrario a lo que la gente solía asumir por sus accesorios no solo no
era gay sino que también tenía una novia que se llamaba Gina.
Extrañamente y muy a pesar de la novia, Andrés tenía un efecto curioso
porque todas y cada una de aquellas mujeres estaban completamente
seguras de que esa tal Gina era en realidad una novia imaginaria,
porque nadie la había visto y eso les parecía muy misterioso.
Dejé de ver a Andrés en cuanto dejé la carrera. Pero cinco años
después me encontré a la que había sido mi primera amiga. Me cuenta
que este año acaba y que ha conocido a un hombre Andrés del que esta
segura esta enamorado de ella, que dice que tiene novia, una tal Gina,
pero solo son mentiras, en realidad solo la quiere a ella.
carrera plagada predominantemente por gays, lesbianas y solteronas.
Así que en cuanto este pobre hombre guapo y heterosexual cruzaba la
puerta todas aquellas mujeres le arrojaban la mirada lascivas y
sedientas.
No le recuerdo, no sé si bajo otra circunstancia me hubiese enamorado
de él o si no hubiese querido al otro talvez me hubiera gustado, quien
sabe, pero por alguna extraña razón después de unos meses de
percatarme del efecto que tenía este hombre en el alumnado en general
me sentí afortunadamente únicay extrañamente inmune a sus encantos.
Era un hombre moreno de ojos bonitos por sus largas y negras pestañas,
pero me parecía sospechoso la minuciosa atención que prestaba a sus
accesorios en general, era ese tipo raro de hombre que en general se
asocia más al mundo gay que de solo estudiarlo cinco minutos sabías la
cantidad de tiempo que había prestado decidiendo la corbatita, el
gorrito o los anteojos que usaría ese día, a la par con el chalequito
o el cinturón de bolitas.
Un día se me acercó en la cafetería, preguntando que ¿cómo estaba el
libro de las dinastías egipcias?. Pregunta extraña. A partir de
entonces me saludaba todos los días.
Aquello fue como destapar la caja de Pandora pues las mujeres solteras
se alzaron recelosas en contra mía y se me acercaban esperando que les
presentara al misterioso hombre de los ojos bonitos, en mi cabeza me
imaginaba regenteando al pobre hombre tímido.
Aquella mañana la mujer que nunca me hablaba se había maquillado
inusualmente, había colocado una rayita blanca sobre sus párpados, muy
discretamente pero un gesto que llamó mi atención porque nunca lo
hacía.
"Oye, ¿porqué no le dices al muchacho aquel que se siente con
nosotras?, miralo que solo esta" y yo lo invité comprendiendo entonces
la razón de la rayita blanca.
El chico, que se llamaba Andrés de hecho se volvió mi amigo mas
cercano de esos dos años de historia del arte, alguna vez me contó que
contrario a lo que la gente solía asumir por sus accesorios no solo no
era gay sino que también tenía una novia que se llamaba Gina.
Extrañamente y muy a pesar de la novia, Andrés tenía un efecto curioso
porque todas y cada una de aquellas mujeres estaban completamente
seguras de que esa tal Gina era en realidad una novia imaginaria,
porque nadie la había visto y eso les parecía muy misterioso.
Dejé de ver a Andrés en cuanto dejé la carrera. Pero cinco años
después me encontré a la que había sido mi primera amiga. Me cuenta
que este año acaba y que ha conocido a un hombre Andrés del que esta
segura esta enamorado de ella, que dice que tiene novia, una tal Gina,
pero solo son mentiras, en realidad solo la quiere a ella.
cuento número cincuentaicuatro
Mi primera semana me daba miedo salir a la calle, tenía la extraña
sensación de que me perdería y nunca más podría regresar a mi casa.
Creo que incluso no salí las primeras tres semanas, así que cuando
encontré un mapa por ahi pensé que podría arriesgarme y sali con mis
cosas a conocer el barrio. En ese entonces vivía en el centro de la
ciudad cuando era mas crudo, en la noche había gente muy loca o muy
borracha así que nunca permanecía hasta demasiado tarde. El barrio de
al lado era el raval, que viniendo de un país donde casi no hay
extranjeros y de cierta forma vives contagiado por ese miedo por la
gente del medio oriente que nos ha transmitido Estados Unidos, al
adentrarme en aquellas callejuelas plagadas de Pakistaníes entre un
poco en pánico y comencé a caminar más y más rápido. Caminé unas
cuantas horas hasta que se me acercó una de estas personas, con la
piel oscura oscura y unos preciosos y gigantes ojos verdes.
Te vengo siguiendo desde hace cuatro calles, me pareces muy bonita,
ven a tomar un café conmigo. Y yo, asustada y joven no sabía que
contestar. "No no". "Pero no tienes nada que hacer, vamos". "No no".
Mi experiencia fuera de casa me resultó traumática y no quise volver a
salir hasta el día que me echaron de ahi, decir que no siempre me
había dejado terribles remordimientos.
sensación de que me perdería y nunca más podría regresar a mi casa.
Creo que incluso no salí las primeras tres semanas, así que cuando
encontré un mapa por ahi pensé que podría arriesgarme y sali con mis
cosas a conocer el barrio. En ese entonces vivía en el centro de la
ciudad cuando era mas crudo, en la noche había gente muy loca o muy
borracha así que nunca permanecía hasta demasiado tarde. El barrio de
al lado era el raval, que viniendo de un país donde casi no hay
extranjeros y de cierta forma vives contagiado por ese miedo por la
gente del medio oriente que nos ha transmitido Estados Unidos, al
adentrarme en aquellas callejuelas plagadas de Pakistaníes entre un
poco en pánico y comencé a caminar más y más rápido. Caminé unas
cuantas horas hasta que se me acercó una de estas personas, con la
piel oscura oscura y unos preciosos y gigantes ojos verdes.
Te vengo siguiendo desde hace cuatro calles, me pareces muy bonita,
ven a tomar un café conmigo. Y yo, asustada y joven no sabía que
contestar. "No no". "Pero no tienes nada que hacer, vamos". "No no".
Mi experiencia fuera de casa me resultó traumática y no quise volver a
salir hasta el día que me echaron de ahi, decir que no siempre me
había dejado terribles remordimientos.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
cuento número cincuentaitres
De mi amor por Alanis Morissette que no se si fue en ese entonces pero
que había un momento en mi vida, exactamente en quinto de primaria en
el que me gustaba encerrarme en mi cuarto y dibujar escuchando el
radio sobre todo los fines de semana.
Había una estación llamada Estereo Mundo y los sábados en la tarde
pasaban el Pepsi World Chart Show, donde ponían la música que en
teoría era la mejor de ese momento. Me gustaba comprar cassettes
vírgenes e ir grabando lo que me fuera gustando para luego antes de ir
a dormir poner mis buenas recopilaciones y tener sueños bonitos. Fue
en ese momento misterioso de la tarde que sonó el número cinco en el
conteo, la voz femenina más bonita y curiosa que hubiese escuchado
antes, cantando una canción que en cierto sentido me recordaba a Peter
Paul and Mary que era lo que me gustaba en ese entonces, la onda Peace
and Love y soltaba la singular combinación de frases "I'm broke but
I'm happy I'm poor but I'm kind I'm short but I'm healthy, yeah I'm
high but I'm grounded I'm lost but I'm hopeful baby I'm young and I'm
underpaid I'm tired but I'm working, yeah I care but I'm worthless I'm
here but I'm really gone I'm wrong and I'm sorry baby I'm green but
I'm wise I'm shy but I'm friendly baby I'm sad but I'm laughing I'm
brave but I'm chicken shit I'm sick but I'm pretty baby" Estas
acompañadas por el extraño sonido de una harmónica que en cierto
sentido en ese entonces estaba un poco pasado de moda. Así que me
quedé anonadada posteriormente al dramático final de la canción que
por supuesto fue registrada en el mix musical de esa semana. No sabía
quién era aquella mujer que era capaz de conmover y obsesionar de esa
manera a mi jóven corazón, pero al descubrir que era la misma que
cantaba la rabiosa canción de You ought to know que le gustaba tanto a
mi prima, simplemente me quedé eternamente enamorada de ella, desde
entonces lo supe.
Aparentemente el disco en el que aparecía Hand in my pocket fue el más
popular que llegó a hacer y aunque amaba la forma en la que
despotricaba contra la religión y contra los hombres los discos
posteriores que fue sacando me iban gustando más porque dejaba su ira
adolescente por ponderaciones más sutiles pero igualmente profundas,
tenía una capacidad extrañísima de hacer rimas con palabras inusuales.
Alanis Morissette, de repente se convirtió en una adulta frágil que
tras la experiencia y la vida guardaba cierto respeto al dolor (cosa
que antes no tenía) y se contagió de ese mal que a todos nos da a
cierta edad y que nos vuelve temerosos y silentes (por temor a después
mordernos la lengua). El último disco que sacó tenía un claro sabor
domésticoy en cierto sentido me dejó una sensación triste el entender
que mi amazona guerrera de los noventas, la reina rabiosa y gatuna del
pop rock finalmente escribía canciones sobre sensaciones muy caseras.
Y no era que eso me molestase en absoluto, porque finalmente siempre
había escrito sobre los sentimientos y las relaciones pero era talvez
un poco la certeza que su vida que también era su obra se había
convertido en ese lugar llano en el que todos deseamos meternos a
determinada edad, la realidad del confort.
Hace un par de meses, anunció que se casaba, para posteriormente decir
que esperaba un hijo. Me pregunto si alguna vez volverá a sacar otro
disco.
que había un momento en mi vida, exactamente en quinto de primaria en
el que me gustaba encerrarme en mi cuarto y dibujar escuchando el
radio sobre todo los fines de semana.
Había una estación llamada Estereo Mundo y los sábados en la tarde
pasaban el Pepsi World Chart Show, donde ponían la música que en
teoría era la mejor de ese momento. Me gustaba comprar cassettes
vírgenes e ir grabando lo que me fuera gustando para luego antes de ir
a dormir poner mis buenas recopilaciones y tener sueños bonitos. Fue
en ese momento misterioso de la tarde que sonó el número cinco en el
conteo, la voz femenina más bonita y curiosa que hubiese escuchado
antes, cantando una canción que en cierto sentido me recordaba a Peter
Paul and Mary que era lo que me gustaba en ese entonces, la onda Peace
and Love y soltaba la singular combinación de frases "I'm broke but
I'm happy I'm poor but I'm kind I'm short but I'm healthy, yeah I'm
high but I'm grounded I'm lost but I'm hopeful baby I'm young and I'm
underpaid I'm tired but I'm working, yeah I care but I'm worthless I'm
here but I'm really gone I'm wrong and I'm sorry baby I'm green but
I'm wise I'm shy but I'm friendly baby I'm sad but I'm laughing I'm
brave but I'm chicken shit I'm sick but I'm pretty baby" Estas
acompañadas por el extraño sonido de una harmónica que en cierto
sentido en ese entonces estaba un poco pasado de moda. Así que me
quedé anonadada posteriormente al dramático final de la canción que
por supuesto fue registrada en el mix musical de esa semana. No sabía
quién era aquella mujer que era capaz de conmover y obsesionar de esa
manera a mi jóven corazón, pero al descubrir que era la misma que
cantaba la rabiosa canción de You ought to know que le gustaba tanto a
mi prima, simplemente me quedé eternamente enamorada de ella, desde
entonces lo supe.
Aparentemente el disco en el que aparecía Hand in my pocket fue el más
popular que llegó a hacer y aunque amaba la forma en la que
despotricaba contra la religión y contra los hombres los discos
posteriores que fue sacando me iban gustando más porque dejaba su ira
adolescente por ponderaciones más sutiles pero igualmente profundas,
tenía una capacidad extrañísima de hacer rimas con palabras inusuales.
Alanis Morissette, de repente se convirtió en una adulta frágil que
tras la experiencia y la vida guardaba cierto respeto al dolor (cosa
que antes no tenía) y se contagió de ese mal que a todos nos da a
cierta edad y que nos vuelve temerosos y silentes (por temor a después
mordernos la lengua). El último disco que sacó tenía un claro sabor
domésticoy en cierto sentido me dejó una sensación triste el entender
que mi amazona guerrera de los noventas, la reina rabiosa y gatuna del
pop rock finalmente escribía canciones sobre sensaciones muy caseras.
Y no era que eso me molestase en absoluto, porque finalmente siempre
había escrito sobre los sentimientos y las relaciones pero era talvez
un poco la certeza que su vida que también era su obra se había
convertido en ese lugar llano en el que todos deseamos meternos a
determinada edad, la realidad del confort.
Hace un par de meses, anunció que se casaba, para posteriormente decir
que esperaba un hijo. Me pregunto si alguna vez volverá a sacar otro
disco.
martes, 16 de noviembre de 2010
cuento número cincuentaidos
Yo creo que en la universidad se abre el cuarto de los regalos, hablando de amor especialmente.
Le conocí tres mujeres.
La primera era callada y bonita, se llamaba Rocío. Aparentemente estudiaba psicología y por su porte estaba claro que se trataba de una hembra alfa, de esas que se te imponen con su presencia, aparentemente no le interesaban las chicas modocitas y tímidas como pensé que sería. Ella era agradable y escogía muy bien los momentos en los que hablar, físicamente tenía cierto aire a su madre.
Estuvieron juntos un mes hasta que ella lo cortó y como él era orgulloso y pensaba que no necesitaba en absoluto que le quisieran cuando ella regresó a pedirle una disculpa, él no la aceptó de vuelta.
La segunda aparentemente era una muchacha muy insegura, curiosamente también estudiaba psicología, nunca la conocí físicamente, pero al mes de ser novios él le escribió una carta muy personal y un poco fea, no eran las típicas razones como que no es por ti sino por mi o que si uno necesita tiempo, sino que escribió una carta muy bien estructurada argumentando razones de porqué no podían estar juntos y que había notado que tenía muchas inseguridades y temas pendientes respecto a si misma y que mientras no estuviera cómoda en su propio cuerpo no podría querer a otra persona.
La muchacha se quedó muy triste, y toda la semana después de pedirle su horario de clases al mejor amigo, le fue dejando notitas de color lavanda en todos los lugares a los que tenía programado ir, a todas sus clases, en su buzón, en su cuarto, en los platos de su casa. Me pareció un detalle curioso, talvez demasiado para alguien que conoces de un mes, talvez demasiado para alguien que no quiere estar contigo.
La tercera era una hembra alfa hecha y derecha con los pantalones bien puestos, era la última mujer que se me hubiese ocurrido para él porque le gustaba bailar mucho y las fiestas y los amigos, cosa que era totalmente opuesto a lo que a él aparentemente le gustaba.
Ella era muy agradable, una cajita parlanchina que podías insertar en cualquier situación de estrés.
Le conocí tres mujeres.
La primera era callada y bonita, se llamaba Rocío. Aparentemente estudiaba psicología y por su porte estaba claro que se trataba de una hembra alfa, de esas que se te imponen con su presencia, aparentemente no le interesaban las chicas modocitas y tímidas como pensé que sería. Ella era agradable y escogía muy bien los momentos en los que hablar, físicamente tenía cierto aire a su madre.
Estuvieron juntos un mes hasta que ella lo cortó y como él era orgulloso y pensaba que no necesitaba en absoluto que le quisieran cuando ella regresó a pedirle una disculpa, él no la aceptó de vuelta.
La segunda aparentemente era una muchacha muy insegura, curiosamente también estudiaba psicología, nunca la conocí físicamente, pero al mes de ser novios él le escribió una carta muy personal y un poco fea, no eran las típicas razones como que no es por ti sino por mi o que si uno necesita tiempo, sino que escribió una carta muy bien estructurada argumentando razones de porqué no podían estar juntos y que había notado que tenía muchas inseguridades y temas pendientes respecto a si misma y que mientras no estuviera cómoda en su propio cuerpo no podría querer a otra persona.
La muchacha se quedó muy triste, y toda la semana después de pedirle su horario de clases al mejor amigo, le fue dejando notitas de color lavanda en todos los lugares a los que tenía programado ir, a todas sus clases, en su buzón, en su cuarto, en los platos de su casa. Me pareció un detalle curioso, talvez demasiado para alguien que conoces de un mes, talvez demasiado para alguien que no quiere estar contigo.
La tercera era una hembra alfa hecha y derecha con los pantalones bien puestos, era la última mujer que se me hubiese ocurrido para él porque le gustaba bailar mucho y las fiestas y los amigos, cosa que era totalmente opuesto a lo que a él aparentemente le gustaba.
Ella era muy agradable, una cajita parlanchina que podías insertar en cualquier situación de estrés.
lunes, 15 de noviembre de 2010
cuento número cincuentaiuno
Mi papá siempre hacía comentarios después de terminar alguna frase
como "que dios la tenga en su gloria, aunque la verdad no lo creo"
para referirse a la bisabuela Luchita. Nunca supe nada en especial de
ella, salvo su célebre calvicie y que era una mujer muy pequeña.
La historia del bisabuelo era aún más misteriosa y llegué a forjar el
pequeño hobby de recolectar teorías e historias acerca de él.
En principio lo que todos sabíamos era que él había nacido en
Barcelona, en la calle Mercé (donde ahora viven todos mis parientes
lejanos) y que era un hombre bastante seco, que no gustaba de hablar
ni de hacer piojito a sus nietos.
Muchos años después de su muerte (yo nunca lo conocí), costó muchos
esfuerzos encontrar a la familia perdida que había dejado en
Barcelona, que resultó ser una estirpe de catalanes que antaño habían
sido célebres artistas encargados del trono papal (o algo así). Una
vieja familia pues. Así que todos nos preguntamos al ser partícipes de
tanta felicidad por semejante encuentro, de cuál habría sido la
supuesta razón de que la comunicación entre mi bisabuelo y sus
hermanos se hubiese perdido.
Alguna vez, en alguna visita el sobrino del bisabuelo le preguntó a mi
papá que qué había pasado con la herencia que había dejado a su madre
y a sus hermanos, para mi papá simplemente encogerse de hombros
diciendo que le preguntaran a la otra ala de la familia que se había
quedado con todo, así que descubrimos que el bisabuelo era en realidad
el bandolero de Barcelona y que le había robado todo a su familia.
El tío Lau decía que esa teoría era incorrecta, que la verdad de
porqué había desaparecido la comunicación era que él había osado
casarse con una mexicana y que en ese entonces los mexicanos eran
vistos como indios pata rajada y que era una gran afrenta a la
alcurnia de una familia tan viejay tan honorífica.
Tiempo después, muchos años, platicando el día de mi cumpleaños con la
nieta de semejante personaje, me contó que todas esas teorías eran
mentira, porque el Bandolero en realidad tenía un excelente puesto de
trabajo, tenía dinero y estabilidad. Ella pensaba que la verdad era
que todos sabían que había dejado una novia en España y que nunca
había podido volver por ella, casándose con esta mujer que ella
describe como "malamada", la misma de quien saqué la estatura y por
quien según mi papá me quedaré calva precozmente. Dice que siempre
estuvo celosa, por aquella mujer que no veía pero que tenía cautivo el
corazón de su esposo.
como "que dios la tenga en su gloria, aunque la verdad no lo creo"
para referirse a la bisabuela Luchita. Nunca supe nada en especial de
ella, salvo su célebre calvicie y que era una mujer muy pequeña.
La historia del bisabuelo era aún más misteriosa y llegué a forjar el
pequeño hobby de recolectar teorías e historias acerca de él.
En principio lo que todos sabíamos era que él había nacido en
Barcelona, en la calle Mercé (donde ahora viven todos mis parientes
lejanos) y que era un hombre bastante seco, que no gustaba de hablar
ni de hacer piojito a sus nietos.
Muchos años después de su muerte (yo nunca lo conocí), costó muchos
esfuerzos encontrar a la familia perdida que había dejado en
Barcelona, que resultó ser una estirpe de catalanes que antaño habían
sido célebres artistas encargados del trono papal (o algo así). Una
vieja familia pues. Así que todos nos preguntamos al ser partícipes de
tanta felicidad por semejante encuentro, de cuál habría sido la
supuesta razón de que la comunicación entre mi bisabuelo y sus
hermanos se hubiese perdido.
Alguna vez, en alguna visita el sobrino del bisabuelo le preguntó a mi
papá que qué había pasado con la herencia que había dejado a su madre
y a sus hermanos, para mi papá simplemente encogerse de hombros
diciendo que le preguntaran a la otra ala de la familia que se había
quedado con todo, así que descubrimos que el bisabuelo era en realidad
el bandolero de Barcelona y que le había robado todo a su familia.
El tío Lau decía que esa teoría era incorrecta, que la verdad de
porqué había desaparecido la comunicación era que él había osado
casarse con una mexicana y que en ese entonces los mexicanos eran
vistos como indios pata rajada y que era una gran afrenta a la
alcurnia de una familia tan viejay tan honorífica.
Tiempo después, muchos años, platicando el día de mi cumpleaños con la
nieta de semejante personaje, me contó que todas esas teorías eran
mentira, porque el Bandolero en realidad tenía un excelente puesto de
trabajo, tenía dinero y estabilidad. Ella pensaba que la verdad era
que todos sabían que había dejado una novia en España y que nunca
había podido volver por ella, casándose con esta mujer que ella
describe como "malamada", la misma de quien saqué la estatura y por
quien según mi papá me quedaré calva precozmente. Dice que siempre
estuvo celosa, por aquella mujer que no veía pero que tenía cautivo el
corazón de su esposo.
domingo, 14 de noviembre de 2010
cuento número cincuenta
Se trataba de un hombre que leía el futuro atravéz de preguntas. Se hacía una especie de triángulo entre él, la otra pitoniza y las personas que estuvieran involucradas en la pregunta. Le pregunto algunas cosas del trabajo que ya no recuerdo y le pregunto si seguiremos juntos. La pregunta tiene que ser respondida a través de él. Yo espero que me mire molesto porque he preguntado eso, pero no me mira y sigue hablando. El hombre que leía el futuro si me mira, pero no me puede responder. Entonces me mira él y se molesta como yo esperaba, responde pero ya no recuerdo la respuesta.
Después aparezco en las aulas de primaria, de cuando íbamos en sexto y esta Ramón o alguien así, es la primera vez que sueño que los de la generación son mis amigos. Siento que en los sueños esta la respuesta de muchas preguntas, es una lástima que se olviden tantas cosas en el inter.
Después aparezco en las aulas de primaria, de cuando íbamos en sexto y esta Ramón o alguien así, es la primera vez que sueño que los de la generación son mis amigos. Siento que en los sueños esta la respuesta de muchas preguntas, es una lástima que se olviden tantas cosas en el inter.
sábado, 13 de noviembre de 2010
cuento número cuarentainueve
Cuando llegué aqui, solo conocía a Adrian y a Carlota, que era una misionera muy católica. Con Adrian a veces iba al cine o caminábamos por la ciudad, realmente no nos conocíamos tan intimamente pero era lindo. Con Carlota se hizo una relación curiosa, porque me invitaba a todos sus eventos católicos y religiosos, no recuerdo si alguna vez me habrá preguntado qué era lo que yo creía o simplemente me respetaba, pero yo era atea. Aún así, yo también guardaba mucho respeto por todas esas religiones que no eran la mia, así que realmente me encantaba asistir a todos esos eventos de católicos.
Un día me invitó a un espacio de exposición, había gente muy linda que en los descanzos hacía chistes sobre ateos, me parecía divertida esa situación, nadie sabía de mis creencias.
A veces el espacio necesitaba voluntarios, para hacer cualquier cosa, como pintar las paredes o coser cortinas. Me encantaba ir también porque había mucho chico guapo, sin embargo nunca me esperé ver el día en que llegó Carolina. Era una mujer colombiana, mayor que yo, con el pelo largo y oscuro, seria como una hembra alfa y terriblemente inteligente. Fue la única vez que en verdad dudé acerca de mis preferencias amorosas, porque esta mujer tenía una energía tan increiblemente arrolladora, no sabía si era en realidad que me gustaba o simplemente la admiraba demasiado.
Ella era escritora y sus poemas eran intensos y maduros. Cuando los escuchabas se te quedaba una sensación de solemnidad como si te rajaran la piel protegiendo lo tuyo, eran una sensación extraña sus poemas.
Un día en la noche que íbamos al lugar de la exposición de los performances ella caminó conmigo y me preguntó que cuál era mi fé. Siempre me ha dado verguenza comentárselo a la gente porque a veces se clavan pensando que el que tú creas en algo es negar lo que ellos creen cuando uno cree lo que le nace y no puede hacer otra cosa. Sin embargo se lo dije. Se quedó callada unos minutos para posteriormente concluir. Creer diferentes cosas es buscar y la búsqueda siempre es buena.
Un día me invitó a un espacio de exposición, había gente muy linda que en los descanzos hacía chistes sobre ateos, me parecía divertida esa situación, nadie sabía de mis creencias.
A veces el espacio necesitaba voluntarios, para hacer cualquier cosa, como pintar las paredes o coser cortinas. Me encantaba ir también porque había mucho chico guapo, sin embargo nunca me esperé ver el día en que llegó Carolina. Era una mujer colombiana, mayor que yo, con el pelo largo y oscuro, seria como una hembra alfa y terriblemente inteligente. Fue la única vez que en verdad dudé acerca de mis preferencias amorosas, porque esta mujer tenía una energía tan increiblemente arrolladora, no sabía si era en realidad que me gustaba o simplemente la admiraba demasiado.
Ella era escritora y sus poemas eran intensos y maduros. Cuando los escuchabas se te quedaba una sensación de solemnidad como si te rajaran la piel protegiendo lo tuyo, eran una sensación extraña sus poemas.
Un día en la noche que íbamos al lugar de la exposición de los performances ella caminó conmigo y me preguntó que cuál era mi fé. Siempre me ha dado verguenza comentárselo a la gente porque a veces se clavan pensando que el que tú creas en algo es negar lo que ellos creen cuando uno cree lo que le nace y no puede hacer otra cosa. Sin embargo se lo dije. Se quedó callada unos minutos para posteriormente concluir. Creer diferentes cosas es buscar y la búsqueda siempre es buena.
viernes, 12 de noviembre de 2010
cuento número cuarentaiocho
Es el hombre que a veces trae las aguas, sinceramente no recuerdo si antes había otro o si siempre había sido el mismo.
A veces cuando me encuentro con un latino tengo una sensación extraña, porque como todos somos vecinos pobres creo que tiende a haber cierta rivalidad, siempre había escuchado que se piensa de los mexicanos que somos mamones y elitistas, así como nosotros pensamos que los argentinos son orgullosos y demasiado apasionados. Así que cada vez que me encuentro con un latino siento como una barrera invisible de precaución se me levanta enfrente. Al mismo tiempo como gente de sangre caliente mi experiencia con latinos por lo general siempre ha acabado un poco mal, porque tendemos a entablar relaciones muy familiares, intentamos intimar lo máximo posible y a veces eso es peligroso o al menos muy complicado.
Así que estaba este hombre claramente latino trayendo las aguas, su cara era extraña como excesivamente cuadrada pero me daba mucha verguenza porque sabía que había venido cargando todas esas cajas desde dos cuadras abajo por las obras que estan haciendo en la calle, además mis compañeritos no habían dejado el dinero de las mismas y tuve que pedirle que me acompañara al cajero para poder pagarle. El hombre fue conmigo, pasiente y amable y me platicaba acerca de su familia y sus hermanos y de cuantos años había durado sin trabajo y porqué había decidido venir aqui, me dijo que se llamaba Santos.
La siguiente semana me lo encontré por casualidad muy cerca de mi casa. Me saludó con mucha confianza cosa que a mi me hizo sentir incómoda porque solo lo había visto una vez. Entonces me pidió mi teléfono. Y me sentí terriblemente, inexplicablemente triste, como con la misma historia de siempre, pero al mismo tiempo me sentí atrapada, porque había visto que llevaba el teléfono en el bolsillo por lo cual ya no podía mentir, y además sabía dónde trabajaba por si alguna vez quería perseguirme o irme a reclamar de que le hubiera dado un número falso.
Así que ese mismo día, que me llegó un mensaje nocturno preguntando que qué hacía yo esa noche, finalmente decidí fingir demencia e ignorar que esto estaba pasando. Todavía nos quedan cuatro cajas de agua, en estos casos me pregunto cómo sé es una hembra alfa y como se destroza sin compasión alguna.
A veces cuando me encuentro con un latino tengo una sensación extraña, porque como todos somos vecinos pobres creo que tiende a haber cierta rivalidad, siempre había escuchado que se piensa de los mexicanos que somos mamones y elitistas, así como nosotros pensamos que los argentinos son orgullosos y demasiado apasionados. Así que cada vez que me encuentro con un latino siento como una barrera invisible de precaución se me levanta enfrente. Al mismo tiempo como gente de sangre caliente mi experiencia con latinos por lo general siempre ha acabado un poco mal, porque tendemos a entablar relaciones muy familiares, intentamos intimar lo máximo posible y a veces eso es peligroso o al menos muy complicado.
Así que estaba este hombre claramente latino trayendo las aguas, su cara era extraña como excesivamente cuadrada pero me daba mucha verguenza porque sabía que había venido cargando todas esas cajas desde dos cuadras abajo por las obras que estan haciendo en la calle, además mis compañeritos no habían dejado el dinero de las mismas y tuve que pedirle que me acompañara al cajero para poder pagarle. El hombre fue conmigo, pasiente y amable y me platicaba acerca de su familia y sus hermanos y de cuantos años había durado sin trabajo y porqué había decidido venir aqui, me dijo que se llamaba Santos.
La siguiente semana me lo encontré por casualidad muy cerca de mi casa. Me saludó con mucha confianza cosa que a mi me hizo sentir incómoda porque solo lo había visto una vez. Entonces me pidió mi teléfono. Y me sentí terriblemente, inexplicablemente triste, como con la misma historia de siempre, pero al mismo tiempo me sentí atrapada, porque había visto que llevaba el teléfono en el bolsillo por lo cual ya no podía mentir, y además sabía dónde trabajaba por si alguna vez quería perseguirme o irme a reclamar de que le hubiera dado un número falso.
Así que ese mismo día, que me llegó un mensaje nocturno preguntando que qué hacía yo esa noche, finalmente decidí fingir demencia e ignorar que esto estaba pasando. Todavía nos quedan cuatro cajas de agua, en estos casos me pregunto cómo sé es una hembra alfa y como se destroza sin compasión alguna.
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