Precipitamos todo hasta este callejón sin salida. Es verdad que puede ser que en un futuro, es verdad que las posibilidades siguen latentes pero por alguna razón de cierta forma he perdido la esperanza en esta buscada habilidad para crear amor. No te metas en esas cosas dice L constantemente y creo que en mi se desarrolla esa sensación cansada de ver que el mundo es mucho menos mágico de lo que a veces imagino. Tiré la toalla en eso de la Celestina.
Mirando a mi amigo, quien se encuentra en un periodo complejo de pérdida y de re definir algunas cosas a veces le imagino demasiado solo y a veces me da la sensación que se encuentra un poco triste y no puedo hacer absolutamente nada, porque no sé crear amor.
Ayer le miraba mientras chateaba con el chico nuevo que vive en Madrid, podía ver cómo en la oscuridad la luz de la pantalla hacía brillar los dientes de su sonrisa. Supongo que después de todo cada quién tiene la capacidad propia para producir amor así como cada quien tiene esa capacidad de autocuración, pero que a veces estamos tan sometidos por nuestras propias trampas y por nuestros interminables temores que nos pasamos años enteros sin querer sacar los piecitos a la calle.
El día anterior nos había leído el tarot Osho a los dos, evidenció mis miedos, los mismos miedos viejos y conocidos que no me aterroriza en absoluto mirar a la cara, pero en cuanto sacó su tirada no pudo atreverse a decirme qué era eso que le aterrorizaba tanto que aparentemente había salido sobre si mismo. Aventura dice en la carta de arriba, Aventura.
El día que lo miré sonriendo tuve un sentimiento agridulce. Me sentí triste porque uno no puede presionar el botón de forward en el sufrimiento de nadie, por más que uno lo desee. Me sentí contenta porque pensé que talvez estaba un pasito más cerca de la aventura que antes.
sábado, 30 de octubre de 2010
viernes, 29 de octubre de 2010
cuento número treintaicuatro
Tenía una mala racha, no sabía exactamente qué le pasaba pero parecía infeliz, tenía siempre cierta oscuridad en el semblante. Es difícil comprender ese tipo de cosas en una pareja cuando uno es tan jóven. Algunas veces que salíamos juntos a alguna fiesta siempre estaba triste, siempre había algo que le tenía como callado y ausente. Yo quería darle un par de bofetones para ver si dentro de toda esa penumbra había alguna señal de vida. Nunca me dijo qué era lo que le preocupaba.
La fiesta de Halloween era un día especial para mi desde hacía dos años, había algo que tenía el ambiente, talvez el clima de otoño o que los atardeceres comienzan a ser más coloridos, octubre tiene mi clima favorito. Así, en la dichosa fiesta, que yo le había convencido con muchos esfuerzos de asistir, tenía la cara más triste de todas y aunque sentía el peso de su tristeza, después de tantos meses, comprendía que no había nada que yo pudiera hacer por él. Se desató entonces el Apocalipsis con todo y jinetes el momento en el que entró la morenita de buen cuerpo y que en su cara apareció una resplandeciente sonrisa que hacía mucho no veía. En ese instante se me apagó el corazón como si lo hubiesen metido en la cubeta para enfriar el vino. Salimos al jardín, hablamos, según él no tenía nada que ver con ella sino que solo no estaba agusto conmigo. Me preguntaba ¿qué cosa habría hecho mal? y ¿cómo podría ser la vida tan cruel y terrible para permitir que alguien a quien quieres tanto de repente piense que existe algo más lindo que esa insaciable adoración adolescente?. Mientras rodaba mi cabeza escuché de música de fondo una canción triste de Alex Syntek, y comenzó a derramarse mi corazón roto con silenciosas lágrimas, pero lejos de lo que hubiese pensado, terminó por hacerlo enojar más, porque ¿cómo podía ser yo tan egoista para hacerle más difícil este momento?. No importa. Lo ví bailar con ella toda la noche y lo que para mi era el día más triste y extraño para él era una ocasión afortunada en la que se había quitado un gran peso de encima. El peso aparentemente era yo.
Por alguna extraña razón no lo borré de mi messenger y por si fuera poca mi agonía de no tenerle, tenía que soportar como lentamente me iba revelando que efectivamente ella le gustaba mucho.
Una mañana en la escuela solo se hablaba del nuevo noviazgo. Miraba a estas dos personas agarradas de la mano en el patio del recreo, era la morenita, pero afortunadamente para mi no era quien yo temía el que la tomaba, sino Manuel que nunca le había parecido guapo a nadie más. Adoré a Manuel ese día, porque si al menos él ya no estaba en mi vida, Manuel me había salvado del terrible sufrimiento de tener que atestiguar la triste circunstancia que para mi estaba deparada.
Nunca he hablado con Manuel, ni conozco las cosas que le gustan pero aún así le guardo como contacto 12 años después solo por el hecho de que ver sus fotos simplemente me recuerda a aquella vez que tuve un salvador accidental. Te quiero Manuel, porque elegiste el mejor momento para comenzar a ser atractivo.
La fiesta de Halloween era un día especial para mi desde hacía dos años, había algo que tenía el ambiente, talvez el clima de otoño o que los atardeceres comienzan a ser más coloridos, octubre tiene mi clima favorito. Así, en la dichosa fiesta, que yo le había convencido con muchos esfuerzos de asistir, tenía la cara más triste de todas y aunque sentía el peso de su tristeza, después de tantos meses, comprendía que no había nada que yo pudiera hacer por él. Se desató entonces el Apocalipsis con todo y jinetes el momento en el que entró la morenita de buen cuerpo y que en su cara apareció una resplandeciente sonrisa que hacía mucho no veía. En ese instante se me apagó el corazón como si lo hubiesen metido en la cubeta para enfriar el vino. Salimos al jardín, hablamos, según él no tenía nada que ver con ella sino que solo no estaba agusto conmigo. Me preguntaba ¿qué cosa habría hecho mal? y ¿cómo podría ser la vida tan cruel y terrible para permitir que alguien a quien quieres tanto de repente piense que existe algo más lindo que esa insaciable adoración adolescente?. Mientras rodaba mi cabeza escuché de música de fondo una canción triste de Alex Syntek, y comenzó a derramarse mi corazón roto con silenciosas lágrimas, pero lejos de lo que hubiese pensado, terminó por hacerlo enojar más, porque ¿cómo podía ser yo tan egoista para hacerle más difícil este momento?. No importa. Lo ví bailar con ella toda la noche y lo que para mi era el día más triste y extraño para él era una ocasión afortunada en la que se había quitado un gran peso de encima. El peso aparentemente era yo.
Por alguna extraña razón no lo borré de mi messenger y por si fuera poca mi agonía de no tenerle, tenía que soportar como lentamente me iba revelando que efectivamente ella le gustaba mucho.
Una mañana en la escuela solo se hablaba del nuevo noviazgo. Miraba a estas dos personas agarradas de la mano en el patio del recreo, era la morenita, pero afortunadamente para mi no era quien yo temía el que la tomaba, sino Manuel que nunca le había parecido guapo a nadie más. Adoré a Manuel ese día, porque si al menos él ya no estaba en mi vida, Manuel me había salvado del terrible sufrimiento de tener que atestiguar la triste circunstancia que para mi estaba deparada.
Nunca he hablado con Manuel, ni conozco las cosas que le gustan pero aún así le guardo como contacto 12 años después solo por el hecho de que ver sus fotos simplemente me recuerda a aquella vez que tuve un salvador accidental. Te quiero Manuel, porque elegiste el mejor momento para comenzar a ser atractivo.
jueves, 28 de octubre de 2010
cuento número treintaitres
Ella dice, que el amor de antes no es como el de ahora. contrario a lo que casi toda la gente dice, ella no piensa que los tiempos de ayer fuesen mejores que ahora, "laboralmente si" dice ella, porque antes no había la competencia que hay ahora, pero eso del amor no es lo mismo que yo entiendo como amor.
A mi me llamaba la atención que para ella siempre fue muy importante que reconociese en mis posibles pretendientes ese "don", como un aura milagrosa que le revelase que el niño a mi lado sería un adulto trabajador. Nunca aprobó a ninguno que por algún motivo le pareciera medio vaguillo. Cómo reconocer el hombre trabajador en un niño, no lo sé. Talvez a través de sus juegos o de como se viste o de cómo toma la sopa, quien sabe. Mi mamá cuenta que cuando salía con mi papá, ella le advirtió que aparentemente le había llamado la atención un gesto minúsculo como la forma de tomar la cuchara o de jalar la silla. No era que fuera especialmente tradicional en esas cosas, pero ella adivinaba en ese gesto la ausencia de un adulto que le enseñara esas cosas. Mi papá perdió a sus papás a los quince y efectivamente hubo muchas cosas que no pudo aprender. Aún así, no se exactamente cómo se distinga a un hombre trabajador de entre los demás, sin embargo siempre me intrigó muchísimo saber el porqué le obsesionaba tanto aquella cualidad cuando a mis ojos siempre ha habido cualidades más importantes, como tener un hombre emocionalmente inteligente, o interesante o alguien que se sepa comunicar.
Un día mientras cenábamos en los veranos de visita, mientras me explicaba las diferencias en la acción de cortejar de su tiempo, concluí que la diferencia entre las relaciones de antes y las relaciones de ahora, son fruto de un factor devastadoramente sencillo. Los anticonceptivos.
Antes cuando tenías que escoger a un hombre, ya que ibas a darle los hijos que dios te mandara, era importante saber que iba a poder mantenerlos y que no iba a dejarte tirada, antes uno tenía muchos hijos, supongo que sería fundamental ser trabajador, aún más fundamental que en si amar a alguien.
Ella dice que dejó ir a dos hombres que amaba por esa cuestión. Que a mi abuelo lo eligió desde su cerebro pero que al final le fue bien, encontró un buen hombre.
Eso, le cuento mis historias de amor y mis preocupaciones. Y extrañamente ella escucha con mente abierta. A veces me cuesta distanciarla del concepto del hombre trabajador.
A mi me llamaba la atención que para ella siempre fue muy importante que reconociese en mis posibles pretendientes ese "don", como un aura milagrosa que le revelase que el niño a mi lado sería un adulto trabajador. Nunca aprobó a ninguno que por algún motivo le pareciera medio vaguillo. Cómo reconocer el hombre trabajador en un niño, no lo sé. Talvez a través de sus juegos o de como se viste o de cómo toma la sopa, quien sabe. Mi mamá cuenta que cuando salía con mi papá, ella le advirtió que aparentemente le había llamado la atención un gesto minúsculo como la forma de tomar la cuchara o de jalar la silla. No era que fuera especialmente tradicional en esas cosas, pero ella adivinaba en ese gesto la ausencia de un adulto que le enseñara esas cosas. Mi papá perdió a sus papás a los quince y efectivamente hubo muchas cosas que no pudo aprender. Aún así, no se exactamente cómo se distinga a un hombre trabajador de entre los demás, sin embargo siempre me intrigó muchísimo saber el porqué le obsesionaba tanto aquella cualidad cuando a mis ojos siempre ha habido cualidades más importantes, como tener un hombre emocionalmente inteligente, o interesante o alguien que se sepa comunicar.
Un día mientras cenábamos en los veranos de visita, mientras me explicaba las diferencias en la acción de cortejar de su tiempo, concluí que la diferencia entre las relaciones de antes y las relaciones de ahora, son fruto de un factor devastadoramente sencillo. Los anticonceptivos.
Antes cuando tenías que escoger a un hombre, ya que ibas a darle los hijos que dios te mandara, era importante saber que iba a poder mantenerlos y que no iba a dejarte tirada, antes uno tenía muchos hijos, supongo que sería fundamental ser trabajador, aún más fundamental que en si amar a alguien.
Ella dice que dejó ir a dos hombres que amaba por esa cuestión. Que a mi abuelo lo eligió desde su cerebro pero que al final le fue bien, encontró un buen hombre.
Eso, le cuento mis historias de amor y mis preocupaciones. Y extrañamente ella escucha con mente abierta. A veces me cuesta distanciarla del concepto del hombre trabajador.
miércoles, 27 de octubre de 2010
cuento número treintaidos
Hay un momento en la vida que es especialmente duro porque tienes que aprender todas esas cosas del amor. Hay varias lecciones que se te repiten constante e insistentemente durante estos años de aprendizaje, entre las que constan un par de reglas básicas.
1. Ocultar los sentimientos y las intenciones verdaderas.
2. Los animales alfa no tocan a los animales de menor rango, así que evita ser cariñoso.
3. A nuestra especie le gustan los retos, nunca se le deben poner demasiado fáciles las cosas, a nadie.
Así, mientras aprendíamos estas leyes universales, uno comete siempre los mismos errores.
A Ale siempre le habían gustado las mismas criaturas atípicas, le gustaba escoger al especímen más extraño del salón. Ese año a ella le gustaba el ciudadano que apodaremos con el nombre de Pe. Ale había sido especialmente desobediente con dichos mandamientos e insistía en buscar constantemente al ciudadano Pe e intentar tocarle todo el tiempo, le gustaba perseguirlo, abrazarlo y molestarlo todo el día.
Hubo alguna ocasión en que Ale me había expresado el ardiente deseo de poseer la gorra favorita de ciudadano Pe, y como yo quería mucho a Ale algún día en el recreo simplemente despojé al dueño de la misma.
El dueño, que a su vez desconocía con evidencia el reglamento, malinterpretó mi gesto de amistad hacia Ale con un gesto de amor hacia él, no me pidió la gorra de vuelta pues en su cabeza era un intercambio de un objeto preciado por un sentimiento de correspondencia, así que mientras Ale le perseguía e intentaba llamar su atención, él deslizaba discretamente la regla por uno de sus costados y a la mitad de la clase más aburrida de física me lanzaba un picotazo con su larga regla justo entre las costillas. De todas las tácticas de amor aplicadas en el 80% de los casos eran erroneas y como resultado solo podía obtenerse una cadena de seres humanos no correspondidos y frustrados.
Un día, desesperada porque los reglazos eran cada vez más frecuentes, le pedí a mi amigo el ciudadano Ce que fingiera ser mi novio porque mis calificaciones de física aparentemente emprendían una apresurada carrera en descenso. El como amaba todo lo que implicara una actuación, bajaba todos los días a la hora del recreo y era terriblemente caballeroso y presente y todo lo que nunca había obtenido con nadie, ese era mi novio postizo Ciudadano Ce.
Uno podría imaginarse el posible curso de la historia, pero había algo que no cuadraba con Ciudadano Ce, algo que te hacía sentirte extrañamente a salvo de besos y reglazos cuando estabas a su lado.
Un día hicieron una fiesta en casa del tío de Ariadna o algo así, estábamos todos. A mi me gustaba Roberto, y como ya lo había mencionado antes, yo sólo era su compañera de estudio, así que entenderán mi incontenible ira ese día de la fiesta, en la que todos habían tomado bastantito y que lo miré escabullirse entre los arbustos con la niña más fea de toda la clase e incluso de los dos salones. Me hundí enfurruñada sobre mi asiento, mientras todos los invitados a la fiesta se removían entre ruidos y gemidos en los arbustos. Mi novio ficticio evidentemente no estaba entre ellos, así que se sentó a mi lado y me preguntó si algo me pasaba. Se dio cuenta que lo que pasaba era Roberto con la otra niña, así que colocó su cabeza sobre mi regazo y de sus ojos comenzaron a caer gordas lágrimas desparramadas sobre mis pantalones. "A mi nadie me ha querido" me dijo y me propuso después que hicieramos nuestro ficticio noviazgo algo oficial. Yo sabía que había algo que no encajaba en ello, estaba completamente segura que a él yo no le gustaba y de hecho no podía leerlo como leía a Ale o a ciudadano Pe y saber verdaderamente quién le gustaba, qué le gustaba. "Pero sé que yo no soy tu tipo", "Si eres del tipo que puede quererme, eres mi tipo". Algo no funcionaba.
1. Ocultar los sentimientos y las intenciones verdaderas.
2. Los animales alfa no tocan a los animales de menor rango, así que evita ser cariñoso.
3. A nuestra especie le gustan los retos, nunca se le deben poner demasiado fáciles las cosas, a nadie.
Así, mientras aprendíamos estas leyes universales, uno comete siempre los mismos errores.
A Ale siempre le habían gustado las mismas criaturas atípicas, le gustaba escoger al especímen más extraño del salón. Ese año a ella le gustaba el ciudadano que apodaremos con el nombre de Pe. Ale había sido especialmente desobediente con dichos mandamientos e insistía en buscar constantemente al ciudadano Pe e intentar tocarle todo el tiempo, le gustaba perseguirlo, abrazarlo y molestarlo todo el día.
Hubo alguna ocasión en que Ale me había expresado el ardiente deseo de poseer la gorra favorita de ciudadano Pe, y como yo quería mucho a Ale algún día en el recreo simplemente despojé al dueño de la misma.
El dueño, que a su vez desconocía con evidencia el reglamento, malinterpretó mi gesto de amistad hacia Ale con un gesto de amor hacia él, no me pidió la gorra de vuelta pues en su cabeza era un intercambio de un objeto preciado por un sentimiento de correspondencia, así que mientras Ale le perseguía e intentaba llamar su atención, él deslizaba discretamente la regla por uno de sus costados y a la mitad de la clase más aburrida de física me lanzaba un picotazo con su larga regla justo entre las costillas. De todas las tácticas de amor aplicadas en el 80% de los casos eran erroneas y como resultado solo podía obtenerse una cadena de seres humanos no correspondidos y frustrados.
Un día, desesperada porque los reglazos eran cada vez más frecuentes, le pedí a mi amigo el ciudadano Ce que fingiera ser mi novio porque mis calificaciones de física aparentemente emprendían una apresurada carrera en descenso. El como amaba todo lo que implicara una actuación, bajaba todos los días a la hora del recreo y era terriblemente caballeroso y presente y todo lo que nunca había obtenido con nadie, ese era mi novio postizo Ciudadano Ce.
Uno podría imaginarse el posible curso de la historia, pero había algo que no cuadraba con Ciudadano Ce, algo que te hacía sentirte extrañamente a salvo de besos y reglazos cuando estabas a su lado.
Un día hicieron una fiesta en casa del tío de Ariadna o algo así, estábamos todos. A mi me gustaba Roberto, y como ya lo había mencionado antes, yo sólo era su compañera de estudio, así que entenderán mi incontenible ira ese día de la fiesta, en la que todos habían tomado bastantito y que lo miré escabullirse entre los arbustos con la niña más fea de toda la clase e incluso de los dos salones. Me hundí enfurruñada sobre mi asiento, mientras todos los invitados a la fiesta se removían entre ruidos y gemidos en los arbustos. Mi novio ficticio evidentemente no estaba entre ellos, así que se sentó a mi lado y me preguntó si algo me pasaba. Se dio cuenta que lo que pasaba era Roberto con la otra niña, así que colocó su cabeza sobre mi regazo y de sus ojos comenzaron a caer gordas lágrimas desparramadas sobre mis pantalones. "A mi nadie me ha querido" me dijo y me propuso después que hicieramos nuestro ficticio noviazgo algo oficial. Yo sabía que había algo que no encajaba en ello, estaba completamente segura que a él yo no le gustaba y de hecho no podía leerlo como leía a Ale o a ciudadano Pe y saber verdaderamente quién le gustaba, qué le gustaba. "Pero sé que yo no soy tu tipo", "Si eres del tipo que puede quererme, eres mi tipo". Algo no funcionaba.
martes, 26 de octubre de 2010
cuento número treintaiuno
No te enamores demasiado de un estilo de vida.
Había pasado que un día gracias a la buena alineación de mis astros en esos meses en que pude conseguir una beca que me permitió aguantar los altibajos bipolares de mi papá y poder sostenerme a mi misma no sobradamente pero al menos con mayor tranquilidad en una vida talvez un poco precaria pero finalmente una vida tranquila.
Tiempo después de terminar mis estudios me encontré a mi misma sumergida en esta vida no especialmente cómoda pero lo suficiente para embargar cierto temor a perderla. El ser humano es esta criatura compleja temerosa e insegura de si misma que va vagando por la vida esperando un lugar seguro donde resguardarse de la lluvia. Cualquier lugar es bueno, él piensa. Así que en ese momento de la vida, en el que me encontraba en ese rinconcito cómodo del universo me daba tanto temor tomar un riesgo, arriesgarse es salir gratuitamente de tu huequito caliente, salir a la lluvia sería pelear nuevamente, pasar angustia, qué pasaría si no encuentro un trabajo suficientemente cómodo. Me daba miedo especialmente la imagen de mis jefes pasados, que odiaban que fuera distraida y que rompiera cafeteras de forma continuada, que no intimidara a los raterillos de tercera de ir con sus pequeños hurtos. Me hubiera gustado explicarles cientos de veces que soy una persona pacífica, que en toda mi infancia no recuerdo haber probado carne en mi casa, que somos todos tranquilos de sangre ligera y que los raterillos me causan mucho temor.
El otro día le fui a ayudar a Regina en su blanca cafetería. Descubrí o bien que Regina sabía mentirme bastante bien o que talvez no era tan mala camarera como yo pensaba. Divisé a lo lejos entonces otro huequito tibio al que acogerme. Talvez puedo ser camarera. No por favor, no por favor, no dejes que el miedo y ese deseado confort me acerquen a esta vida que uno no sueña pero que te permite comer.
Me gustaba la idea de ser ilustradora o incluso de vivir de las pinturas, en el universo en el que a los 16 años de hecho me encontraba bien conectada podía ser posible, en este universo a su vez que diez años después me encuentro sin conexión alguna, talvez ya no esta a mi alcance, talvez no he peleado suficiente.
Que el Cosmos polarice el amor a mi trabajo hacia aquel trazado perfecto del lugar donde se supone debo estar, aunque sea sirviendo cafe. Como el día que desee un trabajo y al día siguiente justo me llamó mi profesora favorita para decirme que me había recomendado con una compañía de estampación. Como el día que tras descubrir que en dicho trabajo exigían demasiados sacrificios apareció esta beca, suficientemente cómoda, suficientemente buena para poder terminar la escuela, deséalo con claridad, se aparecerá a la carta y te darás cuenta si estas listo para tomar el tren o bajar la cabeza.
Había pasado que un día gracias a la buena alineación de mis astros en esos meses en que pude conseguir una beca que me permitió aguantar los altibajos bipolares de mi papá y poder sostenerme a mi misma no sobradamente pero al menos con mayor tranquilidad en una vida talvez un poco precaria pero finalmente una vida tranquila.
Tiempo después de terminar mis estudios me encontré a mi misma sumergida en esta vida no especialmente cómoda pero lo suficiente para embargar cierto temor a perderla. El ser humano es esta criatura compleja temerosa e insegura de si misma que va vagando por la vida esperando un lugar seguro donde resguardarse de la lluvia. Cualquier lugar es bueno, él piensa. Así que en ese momento de la vida, en el que me encontraba en ese rinconcito cómodo del universo me daba tanto temor tomar un riesgo, arriesgarse es salir gratuitamente de tu huequito caliente, salir a la lluvia sería pelear nuevamente, pasar angustia, qué pasaría si no encuentro un trabajo suficientemente cómodo. Me daba miedo especialmente la imagen de mis jefes pasados, que odiaban que fuera distraida y que rompiera cafeteras de forma continuada, que no intimidara a los raterillos de tercera de ir con sus pequeños hurtos. Me hubiera gustado explicarles cientos de veces que soy una persona pacífica, que en toda mi infancia no recuerdo haber probado carne en mi casa, que somos todos tranquilos de sangre ligera y que los raterillos me causan mucho temor.
El otro día le fui a ayudar a Regina en su blanca cafetería. Descubrí o bien que Regina sabía mentirme bastante bien o que talvez no era tan mala camarera como yo pensaba. Divisé a lo lejos entonces otro huequito tibio al que acogerme. Talvez puedo ser camarera. No por favor, no por favor, no dejes que el miedo y ese deseado confort me acerquen a esta vida que uno no sueña pero que te permite comer.
Me gustaba la idea de ser ilustradora o incluso de vivir de las pinturas, en el universo en el que a los 16 años de hecho me encontraba bien conectada podía ser posible, en este universo a su vez que diez años después me encuentro sin conexión alguna, talvez ya no esta a mi alcance, talvez no he peleado suficiente.
Que el Cosmos polarice el amor a mi trabajo hacia aquel trazado perfecto del lugar donde se supone debo estar, aunque sea sirviendo cafe. Como el día que desee un trabajo y al día siguiente justo me llamó mi profesora favorita para decirme que me había recomendado con una compañía de estampación. Como el día que tras descubrir que en dicho trabajo exigían demasiados sacrificios apareció esta beca, suficientemente cómoda, suficientemente buena para poder terminar la escuela, deséalo con claridad, se aparecerá a la carta y te darás cuenta si estas listo para tomar el tren o bajar la cabeza.
lunes, 25 de octubre de 2010
cuento número treinta
en el noventaicuatro hubo una crisis muy fea causada por un presidente calvo y orejas grandes. así lo recuerdo.
ahora cuentan que en realidad manipuló el mercado para que las acciones de sus empresas subieran, le avisó a sus queridos amigos para que hicieran los movimientos pertinentes y definitivamente hubo mucha gente que se benefició de ello.
nosotros, los clasemedieros sin amigos importantes nos fue de la chingada. yo en ese entonces tenía 10 años. mi papá tenía una fábrica de inyección de plástico que se llamaba Intraplast y mi mamá una pastelería que no jalaba mucho pero que le gustaba mucho hacer. En realidad la fábrica era lo que nos daba de comer, así que el día en que mi papá vió que por lo que había hecho el presidente calvo tendría que cerrar la empresa que le había costado tantos años construir, efectivamente estaba muy enojado, como el resto de clasemedieros sin amigos importantes, mejor ni hablar de los que vivían en pobreza extrema o tenían menos que nosotros.
Mi papá entró en un estado extraño como de larga reflexión, como atemorizado por esa gigante amenaza que le representaba el futuro. Entonces mi mamá puso el hombro y en plena crisis, la crisis más dura que ha vivido México nunca, esa mujer que tenía por hobby cocinar y hacer pasteles de fantasía, se convirtió en el soporte principal de una familia de cuatro.
Al principio aparentemente era fácil o al menos no tan difícil. La pastelería tenía sus clientes y en general iba bien, pero conforme fueron pasando los años, las cosas se iban viendo más y más complicadas hasta que finalmente para sacar las cuentas a fin de mes tenían que vender pasteles de casa en casa. No podía comprender la dificultad de ese oficio hasta que 15 años después tendría que dedicarme a hacer encuestas por teléfono. Recuerdo muchas veces haber oido nombres como "la pastelera" o algunos otros que ni siquiera mencionaré pero que implicaban el triste anonimato en el que se había sumergido ella que había sido la más brillante diseñadora gráfica de su generación y que incluso la habían invitado a desayunar con algún presidente (no el de las orejas grandes, eso hubiera sido demasiada ironía sino otro cualquiera) por sus impecables notas. Ella describía incluso que le resultaba devastador mirar que el trabajo de decoración que le había tomado algunas veces alrededor de diez largas horas se destruía tras esa estúpida tradición de arrojar la cara del cumpleañero contra el frágil pastel. Solía decir, que había hecho muchas obras de arte que habían desaparecido simple y sencillamente bajo el efímero destino de un pastel, el de ser deborado.
Muchas veces me he preguntado cuál es la diferencia entre un niño y un adulto además de las obvias implicaciones hormonales. Y la respuesta que casi siempre se me viene a la mente es más bien una imagen; la de mis papás que no podían regresar a la casa los sábados y los domingos temprano a descanzar de todo el trabajo que habían tenido que hacer durante la semana, sino que se quedaban dando vueltas en el coche, muchas veces hasta las ocho o diez de la noche y la mayor parte del día bajo ese calor agobiante de cocoyoc, con un solo pensamiento en la cabeza, que tenían en casa dos pequeñas bocas que alimentar.
la diferencia entre un adulto y un niño radica unicamente en la motivación para hacer las cosas, un adulto no se cuestiona y simplemente las hace porque tiene que hacerlas y es más bien esa motivación inaplazable la que en si transforma a un niño en adulto.
Me gusta pensar que el amor de nuestros padres por nosotros fue lo que los convirtió en adultos.
ahora cuentan que en realidad manipuló el mercado para que las acciones de sus empresas subieran, le avisó a sus queridos amigos para que hicieran los movimientos pertinentes y definitivamente hubo mucha gente que se benefició de ello.
nosotros, los clasemedieros sin amigos importantes nos fue de la chingada. yo en ese entonces tenía 10 años. mi papá tenía una fábrica de inyección de plástico que se llamaba Intraplast y mi mamá una pastelería que no jalaba mucho pero que le gustaba mucho hacer. En realidad la fábrica era lo que nos daba de comer, así que el día en que mi papá vió que por lo que había hecho el presidente calvo tendría que cerrar la empresa que le había costado tantos años construir, efectivamente estaba muy enojado, como el resto de clasemedieros sin amigos importantes, mejor ni hablar de los que vivían en pobreza extrema o tenían menos que nosotros.
Mi papá entró en un estado extraño como de larga reflexión, como atemorizado por esa gigante amenaza que le representaba el futuro. Entonces mi mamá puso el hombro y en plena crisis, la crisis más dura que ha vivido México nunca, esa mujer que tenía por hobby cocinar y hacer pasteles de fantasía, se convirtió en el soporte principal de una familia de cuatro.
Al principio aparentemente era fácil o al menos no tan difícil. La pastelería tenía sus clientes y en general iba bien, pero conforme fueron pasando los años, las cosas se iban viendo más y más complicadas hasta que finalmente para sacar las cuentas a fin de mes tenían que vender pasteles de casa en casa. No podía comprender la dificultad de ese oficio hasta que 15 años después tendría que dedicarme a hacer encuestas por teléfono. Recuerdo muchas veces haber oido nombres como "la pastelera" o algunos otros que ni siquiera mencionaré pero que implicaban el triste anonimato en el que se había sumergido ella que había sido la más brillante diseñadora gráfica de su generación y que incluso la habían invitado a desayunar con algún presidente (no el de las orejas grandes, eso hubiera sido demasiada ironía sino otro cualquiera) por sus impecables notas. Ella describía incluso que le resultaba devastador mirar que el trabajo de decoración que le había tomado algunas veces alrededor de diez largas horas se destruía tras esa estúpida tradición de arrojar la cara del cumpleañero contra el frágil pastel. Solía decir, que había hecho muchas obras de arte que habían desaparecido simple y sencillamente bajo el efímero destino de un pastel, el de ser deborado.
Muchas veces me he preguntado cuál es la diferencia entre un niño y un adulto además de las obvias implicaciones hormonales. Y la respuesta que casi siempre se me viene a la mente es más bien una imagen; la de mis papás que no podían regresar a la casa los sábados y los domingos temprano a descanzar de todo el trabajo que habían tenido que hacer durante la semana, sino que se quedaban dando vueltas en el coche, muchas veces hasta las ocho o diez de la noche y la mayor parte del día bajo ese calor agobiante de cocoyoc, con un solo pensamiento en la cabeza, que tenían en casa dos pequeñas bocas que alimentar.
la diferencia entre un adulto y un niño radica unicamente en la motivación para hacer las cosas, un adulto no se cuestiona y simplemente las hace porque tiene que hacerlas y es más bien esa motivación inaplazable la que en si transforma a un niño en adulto.
Me gusta pensar que el amor de nuestros padres por nosotros fue lo que los convirtió en adultos.
domingo, 24 de octubre de 2010
cuento número veintinueve
Le habían encontrado aparentemente un problema de hormonas, que "producía demasiada testosterona para ser una mujer" le habían dicho los doctores. Pero da igual cualquier nombre, porque a ella se le manifestaba según entiendo con demasiada energía la cual comenzó a canalizar en los deportes.
Comprenderán entonces la perfecta imagen del día que encontró un checo con chamorros de extraordinarias proporciones que amaba subir montañas cual cabra suiza y que parecía tener esta energía inagotable que nadie comprendía.
El primer día que decidí salir de excursión con ellos había ido ingenuamente pensando que tardaríamos un par de horas internándonos en la naturaleza y luego regresaríamos a nuestras casas como si nada, sin embargo ese par de horas se convirtieron en 8 larguísimas horas de subir montes sin tregua para recibir un único descanzo de media hora para ingerir los supuestos alimentos que ¿porqué no? se me había olvidado traer. Así, hambrientos y sudorosos recorrimos alrededor de veintitantos kilómetros subiendo y bajando montes para finalmente llegar a una playa medio cochina en Casteldefels. Sobra decir que en el momento que mi cansada espalda toco tierra firme, fue como recibir algún elixir mágico porque no me volví a despertar hasta dos horas después cuando teníamos que regresar.
Cabriyarda le apodamos a Jaroslav (Yarda de cariño) por aquella terrible arrastrada que tanto a él como a su amada y atestoteronada chica les había parecido tan romántico. Ese día comprendimos todos la razón del porqué se querían tanto.
Tiempo después desaparecieron como si se los hubiera tragado la tierra misteriosamente y de lo que solo recibimos una postal de los dos sentados en una silla gigante, quesque era una tradición checa porque ya se habían casado.
Hace un par de semanas cuando me dirigía para variar tardísimo a mi clase de serigrafía, veo a una mujer chaparrita como yo, con una cara como de niña y un pelillo corto como de muñeca antigua. Me cuesta trabajo reconocerla porque su cabello es ahora mas oscuro y suficientemente corto y porque lleva una carriola anaranjada junto con un pequeñito como de dos años agarrado de su mano.
-Hola Eva.- Y se queda analizando mi rostro como si no pudiera recordarme para luego encontrar algún razgo revelador devolviéndome una sonrisa y expresión de sorprendida.
Me presenta a Otto, el pequeño rubio, una bonita mezcla con la cara de él y los ojos de ella, con la nariz y la boca cubiertos de mocos amarillos y casi al borde del llanto porque el amiguito del parque no quería regalarle sus burbujas. Eva me cuenta qué hacen de vuelta en este país y lo contentos que estan. Le pregunto cómo le hacen con este sujeto de piernas cortas para seguir con sus expediciones por la naturaleza y me contesta que le estan entrenando, que ahora mismo no aguanta los 20 kilómetros pero que ya aguanta 10. Con solo 2 años.
Después llega él y se sorprende también de verme, dice que mi cara ha cambiado tanto y hablamos de una posible reunión que los tres sabemos nunca se llevará a cabo. Los miro a los dos, cansados y con un aire extraño, como si el tiempo hubiera cernido alguna capa cristalina sobre sus rostros, edad o cansancio, talvez algo que ni siquiera tiene sustantivo. Finalmente el tiempo lo serena todo.
Comprenderán entonces la perfecta imagen del día que encontró un checo con chamorros de extraordinarias proporciones que amaba subir montañas cual cabra suiza y que parecía tener esta energía inagotable que nadie comprendía.
El primer día que decidí salir de excursión con ellos había ido ingenuamente pensando que tardaríamos un par de horas internándonos en la naturaleza y luego regresaríamos a nuestras casas como si nada, sin embargo ese par de horas se convirtieron en 8 larguísimas horas de subir montes sin tregua para recibir un único descanzo de media hora para ingerir los supuestos alimentos que ¿porqué no? se me había olvidado traer. Así, hambrientos y sudorosos recorrimos alrededor de veintitantos kilómetros subiendo y bajando montes para finalmente llegar a una playa medio cochina en Casteldefels. Sobra decir que en el momento que mi cansada espalda toco tierra firme, fue como recibir algún elixir mágico porque no me volví a despertar hasta dos horas después cuando teníamos que regresar.
Cabriyarda le apodamos a Jaroslav (Yarda de cariño) por aquella terrible arrastrada que tanto a él como a su amada y atestoteronada chica les había parecido tan romántico. Ese día comprendimos todos la razón del porqué se querían tanto.
Tiempo después desaparecieron como si se los hubiera tragado la tierra misteriosamente y de lo que solo recibimos una postal de los dos sentados en una silla gigante, quesque era una tradición checa porque ya se habían casado.
Hace un par de semanas cuando me dirigía para variar tardísimo a mi clase de serigrafía, veo a una mujer chaparrita como yo, con una cara como de niña y un pelillo corto como de muñeca antigua. Me cuesta trabajo reconocerla porque su cabello es ahora mas oscuro y suficientemente corto y porque lleva una carriola anaranjada junto con un pequeñito como de dos años agarrado de su mano.
-Hola Eva.- Y se queda analizando mi rostro como si no pudiera recordarme para luego encontrar algún razgo revelador devolviéndome una sonrisa y expresión de sorprendida.
Me presenta a Otto, el pequeño rubio, una bonita mezcla con la cara de él y los ojos de ella, con la nariz y la boca cubiertos de mocos amarillos y casi al borde del llanto porque el amiguito del parque no quería regalarle sus burbujas. Eva me cuenta qué hacen de vuelta en este país y lo contentos que estan. Le pregunto cómo le hacen con este sujeto de piernas cortas para seguir con sus expediciones por la naturaleza y me contesta que le estan entrenando, que ahora mismo no aguanta los 20 kilómetros pero que ya aguanta 10. Con solo 2 años.
Después llega él y se sorprende también de verme, dice que mi cara ha cambiado tanto y hablamos de una posible reunión que los tres sabemos nunca se llevará a cabo. Los miro a los dos, cansados y con un aire extraño, como si el tiempo hubiera cernido alguna capa cristalina sobre sus rostros, edad o cansancio, talvez algo que ni siquiera tiene sustantivo. Finalmente el tiempo lo serena todo.
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